martes, 10 de febrero de 2009

La Biblia de Lincoln y Obama



Por: Mario Morales Charris 33º
Past Ven.·. Maest.·. Resp.·. Log.·. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia
Pres.·. Gran Tribunal Soberano «Lázaro Bravo Maury», Cám.·. 31°


La Biblia que utilizó Abraham Lincoln, uno de los tesoros más preciados en la Biblioteca del Congreso, para su posesión como presidente decimosexto de los EE. UU. de América del Norte el 4 de marzo de 1861, fue comprada de modo apremiante por William Thomas Carroll, asistente de la Corte Suprema, pues la de la familia Lincoln no estaba disponible porque iba empacada con las demás pertenencias desde su casa en Springfield, Illinois a la Casa Blanca.

El libro sagrado de 1.280 páginas fue editado en 1853 por la Oxford University Press. Mide 15 centímetros de alto por diez de ancho y 4,5 de profundidad. Está encuadernado en terciopelo púrpura y reforzado con bordes metálicos bañados en oro. En el centro de la tapa se encuentra una placa metálica, igualmente recubierta en oro, en la que se halla grabado el título «Sagrada Biblia».

Le correspondió a Roger B. Taney, presidente de la Corte Suprema, tomarle el juramento a Lincoln, quien lo hizo bajo la sombra de una cúpula del Capitolio sin terminar con su mano derecha sobre la Biblia donde expresó: «Yo, Abraham Lincoln, juro solemnemente que desempeñaré legalmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos, y que daré lo mejor de mi capacidad, preservar, proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos». Luego besó el libro, siguiendo una tradición iniciada por el Querido Hermano George Washington.

Como constancia de lo anterior, en el reverso del libro, junto al sello del Tribunal Supremo, encontramos una anotación en la que se lee: «Yo, William Thomas Carroll, asistente del citado tribunal, certifico que esta copia de la Sagrada Biblia es aquella sobre la que el honorable R. B. Tanney, presidente del susodicho Tribunal, administró a su excelencia Abraham Lincoln el juramento del cargo de presidente de EE.UU.»

W. T. Carroll le entregó la Biblia a la familia de Lincoln, donde permaneció hasta 1928, cuando fue donada a la Biblioteca del Congreso por Mary Harlan Lincoln, la viuda del hijo de Lincoln, Robert Lincoln Todd. Desde entonces el mencionado volumen permanece en la Biblioteca del Congreso, en la división de Libros Raros y Colecciones Especiales. El ejemplar ha sido utilizado en exposiciones sobre la historia de Lincoln y presidenciales.

El experto librero Clark Evans, versado en los volúmenes de la Biblioteca del Congreso, ha manifestado que se viene trabajando con el Servicio Secreto en un plan para proteger a la Biblia de los elementos extraños que se encuentran en el medio ambiente y que puedan afectar la mencionada obra.

Como hecho curioso 148 años después, de haberse juramentado Lincoln para su primer período presidencial, lo hizo Barack Obama como 44º presidente de Estados Unidos de América del Norte, el martes 20 de enero de 2009, utilizando la misma Biblia.

La investidura tuvo lugar en las escaleras del Capitolio, en la escalinata occidental del edificio del Congreso. Ha sido costumbre que el Presidente electo tome posesión del cargo en la sede del poder legislativo.

Obama fue el primer presidente investido en emplear la Biblia de Lincoln desde 1861. El histórico ejemplar es parte de las colecciones de la Biblioteca del Congreso como ya lo hemos expresado.

Un mes antes de la posesión de Obama, en un comunicado emitido por Emmett Beliveau, director ejecutivo del Comité Presidencial Inaugural (PIC), manifestaba: «El presidente electo Obama se siente profundamente honrado de que la Biblioteca del Congreso haya puesto a su disposición la Biblia de Lincoln para ser usada durante su juramentación».

Beliveau también señaló que: «El presidente electo está comprometido a tener una inauguración que celebre la unidad de Estados Unidos, y el uso de esta Biblia histórica le dará una conexión poderosa con nuestro pasado común y nuestra herencia común».

Si bien no hay requisitos constitucionales para el uso de una Biblia durante el acto de juramentación, tradicionalmente los presidentes han adoptado una para la ceremonia.

Obama sonrió mientras su esposa Michelle sostuvo la Biblia para que él pusiera su mano izquierda encima y prestara el juramento conducido por el jefe de Justicia estadounidense, John Roberts.

El presidente Obama ha expresado abiertamente su admiración por Lincoln, de quien dijo se pueden obtener inspiraciones en un momento en que la nación encara múltiples crisis. De hecho son muchas las coincidencias entre los dos mandatarios: uno y otro de figura larguirucha, naturales de Illinois, iniciaron sus campañas a la Casa Blanca en las escalinatas del Capitolio de Springfield, Illinois; abogados de profesión, primero fueron congresistas en el mismo Estado al que posteriormente representaron en el Congreso de Washington. Ambos piensan en la unidad y reconciliación nacional; plantean que no es un país de blancos o negros, o de republicanos o demócratas; proponen la defensa de la igualdad de oportunidades, la intervención del Estado en la economía, muy presente en la administración de Lincoln con una fuerte depresión, cuando defendía las obras públicas y la construcción de ferrocarriles, o la ayuda a los bancos, o también la creación de un banco público. Además, les aproxima su elocuencia virtuosa y su creencia en la fuerza de las palabras.

Para resumir, la ceremonia de posesión representa una parte esencial de la democracia norteamericana, llena de simbolismo y tradiciones. En el Capitolio podemos observar las distintas alegorías que ha tenido la nación en el curso de su historia, y la Biblia de Lincoln se mantendrá en exhibición, desde el 12 de febrero hasta el 9 de mayo, en la Biblioteca del Congreso como parte de las celebraciones del Bicentenario de su nacimiento.

Referencias Bibliográficas

domingo, 18 de enero de 2009

Economía de la Antigua Roma




Por: Mario Morales Charris 33º
Past Ven.·. Maest.·. Resp.·. Log.·. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia
Pres.·. Gran Consejo de Cab.·. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám.·. 30°


Históricamente la economía romana no muestra una evolución estable. Igualmente en ella, aunque de manera diferente a la era actual, hay sucesiones de progreso y crisis y cambios de las fuerzas productivas. Estos acontecimientos los encontramos desde la época primitiva; en la monarquía hallamos dos fases: la latina, de formación de un estado unitario, y la etrusca, de gran auge económico y floreciente desarrollo de los organismos estatales en los modos clásicos de la ciudad-estado. No es sino hasta el siglo IV d. n. e. en donde vemos los iniciales avances económicos debido a los logros sociales que proporcionaron unas colosales reformas, políticas y económicas a un tiempo, pese a que no se modificaran de forma radical los estilos de las fuerzas productivas.

En sus orígenes Roma fue una pequeña aldea de procedencia indoeuropea, que estaban descubriendo la agricultura, como se cree por la presencia de grandes bosques, cuyo nombre recordaba la toponimia, como Querquentual, Fagutal, Viminal. Asimismo la religión tiene evidentes factores de índole pastoral de la economía antigua. La particular leyenda sobre los inicios de Roma, hecha por historiadores griegos, como Timeo y Jerónimo de Cardia, que conocieron las noticias directamente, tomándolas como fuente primaria, según los historiadores posteriores, de las poblaciones agrícolas de la región, parece entrelazarse con elementos de una sociedad pastoril. Investigadores, arqueólogos y naturalistas resaltan la condición silvestre y pastoral de Roma primitiva.

A diferencia de otras economías arcaicas, el medio de intercambio y la medida de las multas, antes que apareciera la moneda ejerciendo las funciones de dinero, era el ganado el que servía como medio de pago. Marco Terencio Varrón (Marcus Terentius Varro)[1], el mas famosos de los economistas romanos, nos dice que el nombre del dinero, «pecunia», se deriva de «pecus», ganado, porque para los pastores, en la antigüedad, el dinero consistía en el ganado quien hacía sus veces.

Con relación a la cría de ganados, la bovina era la más común desde épocas muy remotas; tanto es así que las normas arcaicas prohibían matar bueyes, quienes se consideraban como compañeros del hombre en el trabajo rustico y ministros de Ceres; el que infringiera esta medida se le castigaba con la muerte. Pero esta prohibición pertenece a una época en la cual ya se había desarrollado la agricultura.

Es importante señalar que en el primer periodo de la monarquía latina la economía romana fue una economía de transición del pastoreo a la agricultura. Las demás actividades productivas debieron ser muy limitadas, debido también a los obstáculos habituales de intercambio y a la escasez de productos para la exportación. Igualmente debemos afirmar que Roma era pobre en metales, no disponía de minas ni de materias primas. Las minas de hierro de la isla Elba eran de gran valor, contribuyeron al comercio etrusco, pero Roma se aparta con lentitud de la más antigua de la cultura de bronce. Sin embargo, en períodos prehistóricos, los investigadores no encuentran explicación a la forma cómo se difundió el cobre, el cual utilizaban en barras y lo transformaban en bronce y lingotes para los intercambios. Esto nos lleva a pensar que los romanos para esa época ya practicaban una economía abierta, no obstante a la condición familiar y domestica de las más primitivas; por consiguiente, el metal en los negocios era un medio de cambio (per aes et libram) y no una mercancía que se pagaba con otras mercancías. Luego, con estas evidencias, podemos afirmar que estamos frente a una economía de cambio, si nos atenemos a la existencia de dos líneas comerciales conocidas: la de Oriente a través de Sicilia y otra de Oriente central a través de la ciudad de Emesa, hoy Homs (Siria).

La Economía en el Imperio Romano.




Explicaciones del mapa del Imperio Romano.

Signos:

  • 1) Expansión del Imperio a la muerte de César y zona de influencia romana en Armenia y costas del Mar Negro;
  • 2) Expansión territorial desde Augusto a Nerón y en época de Trajano;
  • 3) Intento de penetración romana en Germania en tiempo de Augusto;
  • 4) Límites del Imperio;
  • 5) Límites de las provincias - Los signos - ó + que anteceden a las cifras indican si éstas corresponden a años anteriores o posteriores al comienzo de nuestra Era.

Las cifras que llevan el signo -- se refieren a los años anteriores a nuestra Era, y las que llevan el signo +, a las posteriores.

Las regiones en verde nos indican la extensión real del Imperio de Roma a la muerte de César, quien incorporó las provincias de la Galia.

El límite en verde (signo1) expresa la zona de influencia romana en Asia Menor, Armenia y el mar Negro en la misma época, así como en las regiones limítrofes como Mesopotamia, uno de los centros más notables del Imperio Parto.

El color rojizo (signo 2) corresponde a las conquistas de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, o sea Britania, la franja de terreno entre el Rin y el Danubio, las provincias al sur de este río, algunas regiones de Asia Menor, Egipto y la Mauritania, amén de la pacificación del norte de Hispania. El color siena del mismo signo se refiere a las anexiones y conquistas de los Flavios y Antoninos, en particular de Trajano (Dacia, al norte del Danubio, y de Mesopotamia). En este momento alcanza el Imperio Romano su mayor extensión.

El color sepia (signo 3) señala el intento romano de adelantar la frontera del Rin al Elba bajo Augusto. El signo 4 da la línea del límite del Imperio, y el 5, el de las provincias del mismo durante el Principado, las cuales estuvieron divididas en imperiales y senatoriales

Antes de entrar en materia sobre la economía en el dominio fundado por Cesar y Augusto, creemos necesario examinar muy sucintamente la de sus vecinos más importantes y que hicieron parte del imperio:

Cartago: La región de esta nación era fértil y proporcionaba el suministro a una nutrida población, si bien la labor primordial fue el comercio, basado sobre todo en materias primas y muy poco en productos manufacturados, con los países del Mediterráneo y la piratería. A pesar de esto, no llegó a acuñar moneda propia sino hasta el s. III a. d. n. e. En este lapso adelantó una intensiva colonización en el norte de África, que le permitió el cultivo para la comercialización y no para el consumo. De esta forma, sus comerciantes eran al mismo tiempo terratenientes que producían para la exportación.

Los iberos: La base de la economía era la agricultura y la ganadería, y en el sur la minería. Por las herramientas específicas encontradas, revelan que cultivaban cereales, algunos productos de hortalizas, vid y olivo. Igualmente se han hallado armas como la «falcata», lo que nos confirma la práctica profusa de la caza. Además, ejercían la pesca porque se han desenterrado anzuelos. Asimismo se había difundido el arte plástico y textil y la cerámica. También introdujeron la economía monetaria, por lo menos en el s. III a. d. n. e., con acuñaciones propias (excluyendo las de Emporion, iniciadas en el s. V a. d. n. e.): Játiva y Sagunto, quienes fueron las primeras en hacer emisiones de monedas; a ellas hay que agregarles a Barcelona, Tarragona, Lérida, Cazlona Porcuna, etc. Cada una acuñó diversos tipos de monedas, pero sobresalen los conocidos como «jinetes ibéricos».

Los celtas: La organización de su sociedad se fundamentaba en una economía agropecuaria, en el comercio interno y con las poblaciones civilizadas del sur (colonias griegas, etruscos y romanos) o los bárbaros germanos; sobresalen en esta actividad los productos manufacturados.

Los escitosármatas: Eran nómadas procedentes de Irán, sin embargo tenían una monarquía hereditaria y una casta de jefes que controlaban la producción agropecuaria. Aparte del extensivo cultivo de cereales, ejercían la ganadería (en especial la equina) la pesca y la metalurgia (oro, bronce, hierro, eléctro). En el s. IV a. d. n. e., ya tenía su propia moneda con motivos de espigas y esturiones, las que intercambiaban por productos de lujo en las colonias griegas del mar Negro, sobre todo Olbia, quienes a su vez las exportaban a Grecia.

Hispania romana: En la conquista de la Península Ibérica los romanos iniciaron la explotación económica, básicamente mediante la extracción de metales preciosos y la esclavización. Después en el s. I d. n. e., la propiedad de la tierra era privada y surgió un nuevo paradigma económico-social: la economía se fundamentaba en la producción de mercancías, que circulaban en un sistema monetario; mientras que en algunas regiones, en especial las cabeceras del Iberus, del Durius y del Astura (Esla) y en la zona Cántabro-Astur, permaneció la vieja formación comunitario-tribal. Con este nuevo sistema, Hispania exportaba materias primas, sobre todo a Italia, e importaba productos manufacturados o de lujo.

Los campos para el cultivo estaban divididos en dos: privados y «ager publicus». Los primeros, eran en donde el emperador, la clase senatorial y los «equites» tenían grandes feudos, y los segundos, eran arrendados, cuyos recursos estaban destinados a las ciudades y poblados en general.

Desde el s. II a. d. n. e., abundó la acuñación de monedas en numerosos centros peninsulares, pero fue prohibida en tiempos de Calígula.

Los Germanos: Estos poblados crearon un modelo económico-social tan especial, que los investigadores lo consideran como prototipo estructural de una sociedad específica, a la que han llamado «germánica». Su modo de producción procede de la comunidad neolítica primitiva; en efecto, en vez de transformarse en un modelo urbano, lo hace en un ámbito absolutamente rural y seminómada, lo que dará lugar a unas relaciones sociopolíticas en que el parentesco y el señorío sobre la tierra sean imprescindibles.

Es preciso señalar que el intercambio monetario no existía, pues las monedas romanas únicamente las usaban en el comercio con el imperio o como símbolo de poder.

Examinada la economía de manera muy breve de los poblados anteriores, ahora sí entremos a analizar la del Imperio Romano, que estableció por varios siglos la unidad política y administrativa del mundo antiguo, agrupado sobre todo el entorno al Mediterráneo, trajo consigo una economía con nuevas condiciones nunca antes vistas, pese a que en cada una de las grandes regiones del mundo romano bajo sus dominios no se presentaron rupturas violentas con el pasado, se conservaron los mismos modos de producción agrícola e industrial y las mismas actividades comerciales.

Factores como la naturaleza del suelo, el relieve y el clima no tuvieron cambios en los territorios agrupados bajo el domino político y administrativo de Roma, en otros tiempos independientes y que formaban estados separados unos de otros; por consiguiente, la agricultura, la ganadería, la caza, y la pesca, la flora y la fauna, en términos generales, se encontraban igual que antes, determinadas por idénticas condiciones geográficas. Sin embargo, hay que destacar el gran progreso que tuvo la economía agrícola en las posesiones conquistada donde había pantanos, bosques y desiertos.

Las tierras pantanosas cercanas a las ciudades y a los campos fueron atacadas. Le hicieron obras de drenaje, dispuestas a suministrar la salida de las aguas retenidas, que permitieron sustituir a ellos un suelo mas seco, más estable, mas salubre. Esa obra de depuración fue atribuida a veces a los veteranos a principios del reinado de Tiberio, uno de los fustigadores de la insurrección de las legiones de Panonia.

Las posesiones que con anterioridad no eran cultivadas –ya sea por causas del clima, del relieve, o por la falta de labor humana, y al mismo desierto incluso– se dio lugar a ricos dominio inteligentemente explotados. No obstante, en ciertos territorios, en otros tiempos, florecientes y productivos, como la Italia Central, Meridional y la mayor parte de los cantones de Grecia, muchas pertenencias fueron abandonadas y volvieron al estado de inculto; las comarcas nuevamente conquistadas u ocupadas ofrecieron, por el contrario, a la economía agrícola vastos espacios hasta entonces olvidados por el hombre y que durante varios siglos se plagaron de abundantes cosechas en el Norte de África y en Europa, es donde mejor podemos ver este cambio.

Es de anotar que el progreso de la agricultura en la mayor parte de las provincias europeas es menos profuso y riguroso. Pero no podemos desconocer que la agricultura hizo grandes avances en ciertas regiones de España; por ejemplo, en el centro y en el Noroeste, donde las primitivas organizaciones tribales fueros sustituidas, al menos en parte, por la vida urbana.

Igualmente debemos señalar que el más característico ejemplo en la aplicación del método racional a la economía fue el sorprendente desarrollo del cultivo del Olivo en los países semidesérticos, tales como las altas mesetas de Argelia y Túnez, la vertiente Oriental de la cadena libanesa y las regiones que se extienden desde Hamath y Homs hasta Palmira.

Destacamos la construcción de acueductos, la conexión de aguas múltiples, obras hidráulicas, etc. en los primeros siglos del imperio, que contribuyeron al desarrollo de la economía rústica en ciudades, villas, granjas y países conquistados; un ejemplo fehaciente lo encontramos en Egipto en el curso aledaño al río Nilo.

En materia de ganadería se presentó el caso de crías especiales de elefantes y camellos, únicas novedades que podríamos anotar en la época imperial. Pero el empleo de esos animales era muy limitado, no parece haber tenido gran trascendencia ni siquiera un carácter verdaderamente económico.

En cuanto a las políticas dispuestas por la vida publica y privada habría contribuido más fuertemente sobre el desarrollo de la industria y la estructura de ésta, que sobre las demás ocupaciones económicas como fueron la agricultura, la ganadería, la organización de la propiedad y del quehacer agrícola. De la misma manera los efectos de la hegemonía romana ayudaron eficazmente a impulsar la producción industrial de los talleres orientales debido a la expansión y el avance de las relaciones comerciales entre la sociedad mediterránea por una parte, y el extremo Oriente, la india y el África oriental, por otra; la preferencia cada vez mas acentuada de los occidentales a los productos manufacturados de lujo hechos en Alejandría, Fenicia, Siria y Asia menor, y la seguridad de las comunicaciones marítimas.

El apego de los romanos a los componentes suntuosos y a las lujosas construcciones, explica que en los muelles del Tíber, al pie del monte Testacio, se hayan desembarcado bloques de mármol, granito de varios colores sombríos o brillantes. Por estas razones, ciudades abandonadas pero que conservaban yacimientos pudieron florecer. En general los primeros siglos de dominación, en todas partes del imperio romano se trabajaba en la extracción de materiales metalúrgicos de calidad y colores muy valorados.

Las canteras de minerales metálicos, como también de materiales preciosos: oro y plata, del mismo modo los elementos de obra: hierro, cobre, plomo, estaño, etc., continuaron otra trayectoria de acuerdo si se le investigue en Grecia o en Oriente o en la parte septentrional y occidentales del mundo romano. Las minas griegas estaban agotadas, Macedonia y Tracia eran aun ricos en oro y plata, diferentes partes de esa franja estaban en desventaja debido a que la sección del norte y Occidente del orbe romano eran las que más producían, además, poseían mayor diversidad.

Con todo, es preciso señalar que mucho antes de la llegada de los romanos los talleres orientales ya existían desde hacia bastante tiempo; igualmente otros pueblos del Mediterráneo oriental tenían múltiples industrias metalúrgicas. Sin embargo, fue con el arribo de éstos en que se inició una efectiva explotación de los recursos mineros. Para el desarrollo de esas tareas disponían de procedimientos especiales, muchos de ellos, aún vigentes al servicio de la humanidad.

El gobierno imperial era conocedor de la significación de estos recursos mineros y la labor que desempeñaban en la economía romana; de la misma forma, la trascendencia de las canteras de mármol, las salinas terrestres o marítimas y los elementos fastuosos. De ahí que cada región de producción tuviese un administrador conocido como «procurador».

Entre tanto, las materias primas proveídas a la industria por las distintas comarcas del imperio, por abundantes y variadas que fuesen, era necesario importar otras de diversos países; por ejemplo, el ámbar de la germanía septentrional, el alabastro de Arabia, el marfil de África, etc.

Por otra parte es interesante saber que en Occidente, las distintas industrias conservaron un periodo de vida, entre dos a tres siglos, grandiosamente productivas. Los orígenes de este acontecimiento económico se atribuyen, dentro de muchos, a los siguientes factores:

En primer término al establecimiento de diversas ciudades en África del norte, en la península ibérica, en la Galia y en los países ribereños del Danubio.

En segundo lugar la construcción de un sistema de rutas terrestres bien armonizado y la ordenación de la navegación fluvial, que proporcionaron las mejores relaciones entre las provincias y, por ende, el tráfico de los productos elaborados.

Y el tercer motivo el incremento de la demanda en los artículos fabricados, no solamente en el ámbito local, sino regional e interregional.

Por su parte la cerámica, similarmente que la metalurgia, en sus variados diseños tuvo una gran trascendencia en el período imperial; no la porcelana de tipo artístico, sino la utilitaria como vajillas y figuritas. Se distinguen en esta clase de industria: Italia y Galia. Igualmente destacamos la producción textilera en todo el Occidente e Italia, sobresaliendo el uso de la lana y el lino. Para ello, se fortaleció la cría de ovejas en todos los lugares, principalmente en Italia y Galia, quienes de la misma manera ocupaban el primer lugar.

De esta forma el incremento de la producción agrícola, la ganadera y la industrial, en las primeras etapas del imperio fue impresionante, o sea que la fabricación de algunos productos era mayor que el consumo. Hay, sin embargo, quienes piensan que al mismo tiempo, al menos en parte, se habían especializado. Por este motivo en numerosos territorios, la utilización del suelo y la manufactura de mercancías no alcanzaban a satisfacer la demanda.

Al mismo tiempo, Roma y casi toda Italia eran potentes medios de persuasión para grandes productores. Pues, la agricultura había disminuido y la industria no se había desarrollado sino en lugares específicos, por lo que la importación de bienes se puso al orden del día. De hecho un considerable número de habitantes, tanto de las clases altas como de las menos favorecidas, de Roma y de las principales ciudades tenían el lujo como una necesidad principal.

Estos escenarios trajeron consigo una necesaria expansión de las vías de comunicación y de los medios de transporte, que a su vez ocasionó un movimiento comercial con una intensidad jamás vista y que sobrepasó los límites del imperio. También en cada ciudad, los mercaderes, obreros e industriales se vieron obligados a organizarse en corporaciones, siendo este hecho una de las características especiales de la economía romana.

Ahora bien, como resultado de lo anterior, se hacía necesario poseer unos medios de cambio adecuados a tal situación. En otros momentos y desde hacía mucho tiempo, en la mayoría de los países del Mediterráneo, la moneda había llegado a ser el instrumento corriente de las transacciones comerciales. Sin embargo, cada población acuñaba su propia moneda, y Roma no era ajena a ello, hacia el año 269 a. d. n. e. ya acuñaba las primeras monedas de plata, que pasaron a reemplazar las de cobre, imitando a las griegas para toda operación comercial y con mucho prestigio en la política exterior. La unidad monetaria de plata era el «denario», que estaba dividido en diez «ases». Posteriormente de la constitución del imperio, Augusto luchó por implantar, en todos los países sometidos a Roma, el sistema monetario romano.

En un comienzo sólo el emperador tenía derecho a acuñar monedas de oro y de plata. Más tarde autorizó a ciertas poblaciones de Oriente acuñar estas últimas; podríamos citar aquí a ciudades como Antioquía, Alejandría y Rodas, cuyos tetradracmas y dracmas estaban en correspondencia relativamente sencillas con respecto al denario de Roma. También varias ciudades de Occidente como Gades, Nimes, Lyon, entre otras, habían recibido el privilegio de acuñar monedas de bronce, inclusive de plata; aunque esta fue una concesión fugaz. Antes de la caída de la dinastía Julio-claudius, las monedas coloniales, incluso las de bronce, habían desaparecido en todo el Occidente. Asimismo, Augusto delegó al senado el derecho a poner en circulación piezas de bronce, las principales de las cuales eran el sextercios y el as; las letras SC labradas sobre esas monedas legitiman esa facultad monetaria del senado. Al mismo tiempo, a las localidades del Oriente se les dio la potestad de acuñar monedas de bronce bajo la obligación de que en ellas apareciese la imagen imperial. Sólo Atenas parece haber sido la excepción de esa exigencia. Aunque para los grandes negocios comerciales e interregionales, la acuñación de bronce carecía de todo valor. La realidad es que también esas actividades comerciales no se hacían en efectivo, sino que se disponían a través de convenios bancarios, formalizados en Roma por los «argentarii» y los «nummularii». Es de anotar, que en Oriente, el sistema bancario existía desde hacia mucho tiempo.

Finalmente, la doble disposición monetaria y bancaria benefició el gran comercio y alivió muchas dificultades que se presentaban por la misma expansión del imperio y de la infinidad de organismos económicos existentes.

Otra herramienta básica en las relaciones económicas y civiles lo constituyó la gran difusión del Derecho Romano que sirvió para reglamentar toda clase de transacciones en beneficio particular de los ciudadanos y en general de las regiones.

Para finalizar nuestro estudio, desearía llamar la atención sobre los dos primeros siglos de la era actual, que en términos generales fueron de progreso. Como derivación de ese ascenso, las ciudades crecen en número y tamaño. Igualmente el modelo económico romano tuvo la disposición a crear latifundios, y el imperio aceleró esta característica a base de confiscaciones. La producción de los feudos era enorme y su rendimiento beneficiaba la hacienda pública, debido a que muchas tierras eran de propiedad del emperador; en cambio el número de proletarios se incrementó, al tiempo se tendió emplear esclavos para las labores, porque resultaban más económicos. Los campesinos intentaron abandonar el campo y el estado los obligó, tanto a ellos como a sus descendientes, a permanecer en sus tierras, quedando para siempre ligados a ellas.

A finales del s. II se presentó una grave depresión económica debido a las penetraciones bárbaras, a las guerras civiles y a las epidemias. Muchos oficios fueron abandonados, los impuestos se incrementaron y la riqueza disminuía. El oro y la plata cada vez eran más difíciles de conseguir porque muchas minas se habían agotado. El déficit del estado era abrumador, por lo que la ley de la moneda debía bajar permanentemente. La mala moneda desplazó de la circulación a la de buena calidad. Para esta época una libra de oro de buena ley costaba 1.125 denarios, y un siglo después –en tiempos de Diocleciano– valía 50.000. Gradualmente se regresó al sistema de trueque; incluso, el mismo estado aceptaba los tributos en especie y no en monedas.

Hasta aquí, de acuerdo a lo que hemos visto, queremos concluir dándole respuestas a los siguientes interrogantes: ¿cuáles fueron las causas y consecuencias que tuvo Roma en su régimen expansionista? ¿Su política de desarrollo social y crecimiento económico, siempre fue exitosa?

  • Nos atrevemos a señalar que la causa principal de la expansión romana fue sin duda alguna la económica, originada por su propia estructura; luego hay que atribuirle al ejército, bien organizado que sirvió de instrumento práctico y determinante, el logro de las conquistas.

  • La evolución económica que transformó a Roma de país agrícola en potencia manufacturera y comercial, ocasionó que los grandes terratenientes agrarios perdiesen buena parte de su fuerza y que muchos labradores quedaran también en condiciones difíciles.
  • La aristocracia se enriqueció con las guerras de conquista y el estado debió hacer frente a los gastos merced a su política monetaria y al botín arrebatado al enemigo; por su parte el pueblo se encontraba en la miseria; las guerras habían diezmado a sus mejores hombres, tuvo que contraer deudas y como resultado de esto había perdido sus pequeñas propiedades agrarias.
  • Debido a las campañas realizadas, gran cantidad de esclavos ingresó a Italia desplazando del campo la mano de obra libre.

_______________

[1] Escritor y erudito romano. Nacido en el año 116 a. d. n. e., en la ciudad sabina de Reate (la actual ciudad italiana de Rieti), fue el protegido de Pompeyo, a quien apoyó en su guerra (49-48 a. d. n. e.) contra Julio Cesar. Sin embargo, tras la derrota y muerte de Pompeyo, César le perdonó, y en el 47 a. d. n. e. le nombró primer bibliotecario de la nueva biblioteca pública de Roma. A la muerte de César se le confiscaron sus bienes, pero finalmente Octavio se los restituyó. Fue miembro de la gran burguesía conservadora. Fue un autor prolífico: al parecer escribió 74 obras diferentes, divididas en aproximadamente 620 libros sobre gran variedad de temas. Gran parte de su obra es mera técnica de la agricultura. Le da gran importancia a la misma, y al principio de rotación que estuvo relacionado con los adelantos de la agricultura en aquellos tiempos. Igualmente para él la producción agrícola está encauzada a la venta más que al consumo directo.

Varrón, tiene implícito una teoría del valor, él señala que el valor de canje de una cosa, no depende del puro y simple rendimiento del capital invertido, sino también de eventuales valores estéticos.

“La utilidad busca el fruto, el placer y el goce; pero es más importante lo útil que lo placentero”, en esta frase, Varrón quiere señalar una escala de necesidades (correspondiendo a las más urgentes, la utilidad; y a las menos urgentes, el placer); pero en el conjunto de ese pasaje pretendía destacar que muchas veces los trabajos agrícolas ofrecen la ventaja de satisfacer al mismo tiempo la utilidad y el sentido estético. Además Varrón quiere poner en evidencia el hecho de que la unión de lo placentero con lo útil es muy ventajoso, pues sirve para aumentar el valor comercial, y que tal unión es también la característica primordial de esa agricultura que él quería exaltar frente a toda actividad.

Considera que la producción supone la esclavitud y tiene una extraña división de los instrumentos de producción agrícola, que son dos: los hombres y los utensilios, sin los cuales no se puede trabajar; sugiere para los esclavos tratarlos con liberalidad, esto es, en la comida o en el vestido o en la producción de factores o con el permiso de hacer pastar en el predio a algunos animales de su propiedad. Pero todo tiene un interés y es que salvo algunos motivos patrimoniales, la mano de obra esclava, había perdido mucha importancia respecto a la libre, reduciéndose a cumplir su función esencialmente en los trabajos domésticos; en cambio con las obras de los libres se cumplen los trabajos más importantes y a éstos los llamaron operarios.

Referencias bibliográficas.

  • Curso Superior de Economía Política. Spiridonova, Atlas y otros. Tomo I. Primera edición en español. Editorial Grijalbo. México. D. F. 1965.
  • Doctrinas Económicas. Apele, E. Márquez. Segunda edición. 1970.
  • Economía Política. Barre, Raymond. Tomo I. Séptima edición. Talleres gráficos ARIEL, S. A. Barcelona. España. 1973.
  • Economistas Griegos y Romanos. Tozzi, Glauco. Traducción: Ángel Tribian.
  • Evolución de la Economía. Antonio Gutiérrez Rincón. G. Cotes publicidad. Barranquilla. Col.
  • Historia de la Economía. O. Neurath, H. Sieveking. Segunda edición. Traductor: Manuel Sánchez Santos.
  • Historia de las grandes doctrinas Económicas. Villey, Danuiel. Traducción: Teresa Vidal.
  • Historia Universal Comparada. Hans H. Hofstätter y otros. Tomo I. Editorial Plaza & Janes S. A. Barcelona. España. 1977.
  • Historia Universal Planeta. Editorial Planeta, S. A. Tomo I. Barcelona. España. 1977.
  • Pensamiento Económico. Martínez Valdeblánquez, Jorge. Editorial Antillas. Barranquilla. Colombia. 15 de agosto de 1994.
  • Principios Elementales de Economía Política. On, Anganova y otros. Cuarta edición en español. Ediciones Suramericanas, Ltda. Bogotá. Colombia. 1975.
  • Roma. Historia Universal. Tomo III. Círculo de Lectores. Bogotá. 1984.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Revista «Plancha Masónica» Nº 36


Desde el mes de diciembre de 2008 se encuentra en circulación la «Revista Plancha Masónica» Nº 36, órgano de información de la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, cuya misión primordial consiste en informar, ilustrar y servir a los altos fines de la Masonería.

Esta vez la revista hace referencia a la «Autoridad Masónica», y por considerarlo de gran interés, nos permitimos publicar el editorial de este número.


EDITORIAL

«LO QUE TU HACES TE HACE»[1]


La Masonería es una noble institución de carácter iniciático, donde no caben las vías de hecho con el ánimo de trastornar el orden legalmente establecido. Ese mismo orden jurídico que como Masones juramos cumplir y respetar.

El verdadero Masón ha de saber que el respeto a la autoridad, a la jerarquía y a la normatividad vigente es un deber de todo hombre de honor. Así mismo debe tener claro, que la única forma de producir cambios profundos y durables en cualquier sociedad es transformando la mentalidad colectiva en ese medio social.

Por esa razón la Masonería no tiene un aparato represivo, como lo tienen las instituciones políticas de la sociedad profana. La Masonería es un poder moral, que está organizado a la manera de un Estado democrático, con su poder ejecutivo, su poder legislativo y su poder judicial. Pero en ese armónico Estado no hay ejército, ni Guardia Suiza, ni nada por el estilo. En consecuencia, la apelación a las vías de hecho para buscar la aceptación de una determinada idea es una actitud profana, grosera y arrogante, que pretende empañar nuestro carácter deliberante, constituyéndose en una forma de trivializar los principios e ideales de nuestra Augusta Institución.

Lo anterior hace referencia a los acontecimientos recientemente protagonizados por algunos hermanos que se fueron de la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, a los cuales es necesario aclarar que en el mundo Masónico hay logias masculinas, logias femeninas y logias mixtas y cada una tiene derecho a proteger su especificidad, tal como está plasmado en el «Llamamiento de Estrasburgo», documento que se encuentra adjunto a la Constitución y Estatutos Generales de la Gran Logia del Norte de Colombia, formando parte del bloque de constitucionalidad Masónica.

En ese sentido es importante recalcar que todas las Logias de este Gran Oriente son Logias masculinas, jurisdiccionadas a la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, que también es masculina y que reconoce y trabaja bajo los auspicios del Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que ostenta la cualidad de masculino.

De la misma manera quiero recordar que todos los Masones de esta Potencia Masónica, juramos obedecer y cumplir fielmente la Constitución y los Estatutos de la Gran Logia; las decisiones de las autoridades Masónicas; el reglamento particular de la Logia a la cual pertenecemos, así como los acuerdos que ella dictare por la mayoría de sus miembros, aun cuando sean contrarios a nuestra opinión particular. En ese contexto, la Orden establece que el Masón debe ser «un cordero para obedecer la ley, y un león para para defenderla»[2].

No olvidemos que el fin esencial de la Masonería es el perfeccionamiento integral de cada uno y de todos los Masones, quienes vivimos trabajando permanentemente en aras de lograr una edificación interna de nuestro propio ser, mediante el estudio, la investigación y la acción dialógica que posibilite nuestros fraternales encuentros. Principio normativo de esa ética es conservar la objetividad y la serenidad en todo momento, apartando los odios y buscando la solución racional de todos los problemas.

Finalmente quiero manifestar que en la Gran Logia del Norte de Colombia, toda idea es susceptible de ser analizada y discutida. Lo que significa que no estamos aferrados a concepciones dogmáticas, sino dialécticas. Pero indudablemente, esa discusión no puede caer en el plano personalista, ni llegar al lodazal de los insultos y calumnias, sino que debemos permanecer entre la escuadra y el compás, discutiendo fraternalmente en el terreno de las ideas bien razonadas y expresadas con un lenguaje digno y elegante, que nos diferencie radicalmente del lenguaje tremebundo, que constituye la vida cotidiana de cualquier suburbio.


Fraternalmente,


JOSÉ MORALES MANCHEGO
Gran Maestro

_______________

[1] Divisa de las hermandades de constructores. Véase: Daza, Juan Carlos. Diccionario de la Francmasonería. Ediciones Akal. Madrid, 1997. P. 159.

[2] Supremo Consejo del Grado 33 para Colombia (fundado en 1833). Liturgia del Grado 30. R:. E:. A:. A:. P. 11.

La Legitimidad de la Revolución Americana

Por: José Stevenson Collante 33º
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia

«Hay tres tipos de revolucionarios: los precursores,
los que la hacen y los que se aprovechan de ella»
NAPOLEÓN BONAPARTE.

Nuestra patria nos es desconocida. Esta es una verdad absoluta porque los historiadores, escritores, etnólogos y políticos que la han recorrido, siempre se encuentran con sorpresas. En cualquier rincón de ella, salen a nuestro encuentro el paisaje ensoñador, los torrentosos ríos, las riberas y el cielo azul de sus dos mares, y en medio de la selva la aldea donde cohabitan las gentes más pobres del país y en sus bohíos nuestros antepasados, mostrando la lección de su trabajo. La abnegación y la bondad de sus atenciones nos ponen a meditar.

Desde 1492 el navegante genovés Cristóbal Colón, el viernes 3 de agosto, en compañía de los hermanos Pinzón (Martín Alonso y Francisco), con Vicente Yáñez, medio hermano de aquellos, y la ayuda de los Reyes Católicos (la reina Isabel de Castilla y su esposo don Fernando de Aragón) inició su épica empresa. Desde el puerto de Palos zarparon las tres naves: La Santa María, la mayor comandada por el Almirante Colón; La Pinta iba piloteada por Martín Alonso Pinzón y La Niña por Vicente Yáñez, el más diestro de los navegantes en la embarcación más debilitada. Sin duda fue este el acontecimiento más importante de ese siglo.

A partir del 12 de octubre, día del descubrimiento de América, el período de La Conquista estuvo marcado por la lucha cruel y despiadada de los ibéricos, contra la paciente resignación de los nativos. Tal parece que la tripulación lujuriosa, sedienta de placeres y riquezas en los setenta días de soledad marina, al llegar a la isla Guanahaní, cuyo nombre cambió Colón por el de «San Salvador», se hubiese enloquecido por tantas maravillas.

Hasta 1545 fueron 53 años de lucha encarnizada y de resistencia heroica y humillante, que los nativos resistieron a los conquistadores enloquecidos.

La Revolución Americana, como toda revolución, expresa una idea compleja. De una parte, el abuso y la avaricia de los conquistadores frente a la defensa connatural de las propiedades y derechos de los nativos; la insurrección por la defensa de sus intereses, la prelación de un nuevo derecho, que es legítimo cuando lo provoca la obstinada aspiración del español de enriquecerse, a como dé lugar; una lucha dispareja entre conquistadores violentos, saqueadores, voraces y crueles contra la resistencia heroica, pasiva de los nativos que todo lo perdieron: su cultura, sus bienes, sus mujeres, su forma de gobierno y hasta la virginidad de sus hijas. En materia de atropellos físicos y morales, el descubrimiento, la Conquista y la Colonia fueron puntos negros en la Historia del Nuevo Mundo y una de las tragedias más vergonzantes de la humanidad durante los siglos XV, XVI Y XVII.

Es un fenómeno histórico universalmente comprobado, que nadar contra la corriente de un río o de la opinión popular es poner en cuestionamiento todas las certidumbres humanas. Por consiguiente, siempre es legítima una revolución cuando la mayoría la solicita en oposición a una aventura, una casualidad, una osadía de la que no se da rigurosa aceptación. Eso fue en líneas generales el descubrimiento de América; una acción dirigida a solucionar la crisis económica de España, desgastada por las continuas guerras contra Francia e Inglaterra. Por eso el convenio firmado entre el genovés y los Reyes Católicos, en el fondo, era un pacto demoníaco de arrasarlo todo, sin caridad y sin el mínimo respeto por los nativos, que eran los grandes ignorados y sacrificados en ese proceso. En este sentido siempre es legítima la defensa, una reacción natural; una revolución cuando la mayoría la solicita, la desea y la realiza, lo cual hace que las revoluciones no sean la moda del día. Al principio solo obran sobre algunos espíritus los síntomas de un dolor oculto. Esta minoría estudia el problema, y mientras se ocupa de esta tarea, se profundiza más y más el malestar interior, el mal se universaliza y se hace cada vez más necesario, mientras que la sociedad exige una solución siempre en aumento, un remedio a su triste condición humana de ser explotados y exterminados. Por esa razón nuestra independencia y la de algunas otras naciones americanas duró más de tres siglos resistiendo paciente y heroicamente.

Ante una precaria situación aparecen las eternas contradicciones, en razón del principio físico «de acción y reacción»; esto es lo que buscan la redención de los oprimidos contra los privilegiados o los que abusan del poder contra aquellos que protestan. Entonces, se forman dos bandos o partidos, unos y otros obstinados en su opinión siguen sistemáticamente su empresa hasta conseguir la ruina o la derrota del contrario. Y como la victoria pertenece al más organizado, al de mayor número, se consume al fin la Revolución con la victoria de uno y la consecuente derrota del otro bando. El Renacimiento, la Reforma Religiosa, la Independencia Americana, la Revolución Francesa, la Revolución Cultural de Mao, la Revolución Industrial de Inglaterra, la Revolución Mexicana de Porfirio Díaz, la Cubana de Fidel Castro con Camilo Cienfuegos y el «Che» Guevara; la del Proletariado de Lenin fueron todas revoluciones cruentas. Anteriormente se decía que si el Renacimiento era considerado como «la madre de las revoluciones», la Reforma Religiosa era considerada «el padre», porque marcaron el comienzo de una revolución artística y cultural, y la otra de una religiosa y política. Hoy lo es la «Internet» y su sistema cibernético de comunicación.

En sentido lato, es legítima una Revolución cuando la provoca la obstinada resistencia del poder constituido por una casta privilegiada contra los cambios exigidos y reclamados por la voluntad popular, la paz pública y las manifestaciones masivas de protesta del sector ofendido, oprimido y humillado de la sociedad civil. Si el juicio de una nación puede extraviarse, si una mayoría puede llegar al estado de demencia, es evidente que no habría ningún criterio para aplicar la legitimidad de una Revolución. Más ya se ha probado que negar la autoridad de la conciencia pública es poner en duda todas las creencias; es negar todas las certidumbres humanas. Por consiguiente, siempre es legítima una revolución, cuando por justas y notorias causas, la mayoría como protesta las desea y las lleva a cabo.

Por lo general, el invasor o el gobierno establecido que maneja los hilos del poder se inquieta menos por atender las exigencias de protesta contra los privilegios o abusos cometidos a los lastimados, los que carecían de derechos humanos y de opinión, los parias de la sociedad. Entonces, como he dicho, se forman dos facciones con intereses diferentes, irreconciliables que siguen sistemáticamente sus propósitos hasta conseguir, al menos, los privilegios del contrario y como al final la victoria pertenece al más poderoso, se consuma la Revolución, donde siempre habrá vencedores y vencidos. Esa es la ley natural en todo proceso revolucionario.

La palabra revolución a algunos les causa espanto, a otros les da miedo y a los pusilánimes, pavor. Sin embargo, desde un punto de vista histórico este vocablo es un cambio de régimen social, religioso, artístico, económico ó político caducos por la instauración de uno nuevo y progresista, que puede afectar o transformar las relaciones de producción, la estructura institucional, la religiosa, la ideológica o a la totalidad de un determinado sistema social de gobierno. Desde luego, que es apenas natural, que ello determina un importante cambio en las relaciones existentes dentro de la lucha de clases por el bienestar social y la supervivencia de la humanidad, y a través de ese proceso transformador, una clase explotada, humillada, puede pasar a ser dominante, activista y progresista. Esa etapa, simplemente entendida, se dice que es revolucionaria. Esa expresión, ahora, a nadie le produce escozor ni desvelos.

En su aspecto primitivo esta palabra no ha sido alterada por el uso. Ignoramos cuando se adoptó en el vocabulario de la ciencia política, es más, creemos que debe atribuirse esta adopción a los filósofos de la escuela neoperipatética, que la doctrina de Aristóteles instauró.

En nuestro lenguaje cotidiano, la palabra Revolución expresa una idea compleja: la insurrección contra un hecho y la consecuente proclamación de un derecho nuevo. Como hemos dicho, es legítima cuando la provoca la obstinada resistencia del poder constituido contra una reforma reclamada imperiosamente por la voluntad popular mayoritaria, es decir, por la voz pública. Por eso, si la sindéresis la pierde la masa popular es evidente que no habría ningún criterio válido para apreciar la legitimidad de una revolución. Más, ya se ha probado que negar la legitimidad de la conciencia pública, es arruinar toda la certidumbre de la conciencia humana.

Esos movimientos revolucionarios a los que me he referido, no nacieron en los conventos ni en las abadías de religiosos donde no había plena libertad de pensamiento, donde la conciencia estaba encarcelada y el libre juego de las ideas progresistas era frenado por el dogmatismo religioso. Fueron los enciclopedistas, los hombres y soldados formados en nuestros Templos Masónicos los que con su tríptico lema revolucionario sembraron en las mentes jóvenes, las ideas filosóficas generadas por Voltaire, D'alembert, Rousseau y tantos otros, que lograron impulsar a las masas populares nuevas ideas, que transformaron las costumbres y el sistema de gobierno donde tuvieron vigencia. En ese sentido la Revolución Francesa, toma el modelo de la Americana, realizada por Washington, La Fayette, Jefferson, Rochambeau para derrotar a los ingleses en Trento y Yorktown en 1781. Estos patriotas norteamericanos fueron soldados de la libertad salidos de los Templos Masónicos.

Un célebre pensador español contemporáneo, José Ortega y Gasset, ha apuntado que las rebeliones se hacen contra los abusos de poder, mientras que las revoluciones son dirigidas contra los usos de un sistema de gobierno obsoleto, y como tal, lleno de vicios administrativos y éticos, con el único propósito de fortalecer una crisis económica a como diere lugar. En este sentido, el mismo filósofo español había expresado que «el revolucionario no se rebela contra los abusos, sino contra los usos». Cuán elocuente y orientadora fue la manifestación del emperador Napoleón Bonaparte cuando afirmaba: «los hombres que han cambiado la paz del universo, jamás lo han conseguido dirigiéndose a los jefes, sino agitando las muchedumbres». El primer procedimiento es de intriga y no produce sino efectos secundarios. El segundo es la marca del genio y cambia el aspecto del mundo. En este sentido, nuestros libertadores, Bolívar y Santander, Juárez y Martí, Washington y Miranda, Ghandi y Martin Luther King a nivel universal, y Gaitán y López Michelsen, en el panorama nacional fueron revolucionarios en toda la extensión de la palabra.

Un régimen tiránico puede ser derrocado por un pueblo atormentado en plena rebeldía, cuando los gobernantes han abusado del poder. Pero, cuando el movimiento se dirige contra las instituciones que abusan continuamente del poder en forma determinada, se tiene una revolución, que todos sabemos cómo comienza, pero no cómo termina; la Independencia Americana y la Revolución Francesa son ejemplos clásicos de estas referencias.

Conviene recordar que muchos de los criollos de Nueva Granada, Venezuela, Ecuador, Chile, Perú, Argentina, Centro América y México, por los acontecimientos políticos que se dieron en Europa y la influencia y efectos de la Revolución Francesa, anhelaban la independencia de las Colonias Americanas de la Corona Española. Durante sus viajes de negocios, unos y otros, con fines de estudio a los países, a su paso obligatorio por las Islas Antillanas, muchos de ellos hicieron contacto con miembros de Logias Masónicas existentes en dichas Islas y se iniciaron ingresando a dichos Talleres por estar de acuerdo con sus ideales y sus principios democráticos de libertad, además de su franca oposición a los gobiernos absolutistas y despóticos. Los miembros de las logias patrocinadas por el General Francisco de Miranda tenían especial interés en controlar la llegada de los americanos al puerto de Cádiz, puerta de oro, y a las ciudades de Madrid, Paris y Londres, con el propósito de estudiarlos, atraerlos y formarlos en la causa de la emancipación americana, haciéndolos miembros de las Logias Mirandistas, las cuales tenían por fin lograr la independencia de las colonias españolas en el Nuevo Continente.

Los refugiados políticos de América encontraban buen ambiente en la isla de Jamaica, punto geográfico de tráfico marítimo obligado con los países europeos, y eran bien recibidos, ya que, bajo el pabellón inglés, todo perseguido político o religioso, gozaba de amplia libertad y protección. Así mismo, en la Capitanía de Guatemala, en la Isla Martinica (colonia francesa), en Puerto España (isla de Trinidad) colonia inglesa, y en la Isla francesa Antigua se fundan logias donde muchos suramericanos fueron iniciados. Eso, desde luego, favoreció la labor de adoctrinamiento del General De Miranda, el «Precursor de la Independencia Americana» y el éxito la Revolución Suramericana.

sábado, 15 de noviembre de 2008

La Iluminación Masónica como fuente de Inspiración para momentos difíciles

Por: Fidel Llinás Zurita A.·. M.·.
Resp.·. Logia Lealtad No. 7

«Por muy oscura y larga que sea la noche algún día amanece»
Proverbio chino.
A MODO DE INTRODUCCIÓN
En calidad de Aprendiz según el Rito Escocés Antiguo y Aceptado tengo la pasión intelectual de escribir mi primer trabajo y que no será el último, porque vendrán muchos más… En nombre del Gran Arquitecto del Universo, el tema a trabajar es la iluminación que ha sido siempre una reflexión perenne en todo el ámbito de mi devenir personal y estas son las razones:

La primera, la iluminación a modo de fuerza simbólica a través de los diversos saberes, la antropología, la religión, la filosofía y otros conocimientos; la segunda, la iluminación como motivo y objeto de estudio a partir del momento en que me inicie en esta Benemérita Logia; la tercera y novísima, la iluminación a manera de lo que significa para un Masón comprometido cuando se le viene la oscuridad, ya sea en la Orden o fuera de ella. Espero con este breve ensayo sobre la iluminación contribuir a la grandeza histórico-filosófica de esta gran Orden Masónica.
I
La iluminación en los diversos saberes. La iluminación en la antropología cultural siempre ha significado para el ser humano un símbolo vital hasta llegar a la trascendencia. Éste creó el fuego como defensa, como algo material hasta llegar a lo más sublime, la luz en su visión espiritual. La luz material, se dio gracias al mecanismo de la defensa de la vida y de la supervivencia contra el medio hostil que le circundaba con los animales salvajes, además como medio para ampararse del frío natural en que vivía y no olvidar el aspecto del cocido en su nueva dieta alimenticia llena en proteínas, para el ascenso de la humanización; este paso decisivo del ser humano hasta alcanzar lo espiritual a través de la inspiración estética, en donde dio luz a las cavernas en la diversidad de dibujos que representaban su diario vivir, muestra de ello las pinturas de Altamira; pero no habría que olvidar que en todas ellas existió algo común al compartir en el doble sentido: la familia y la comunidad.

La iluminación en el plano filosófico primó en el carácter trascendental, uno de los primeros en hacer esa reflexión fue Heráclito de Efeso quien a través del fuego vio el origen y final de todas las cosas creadas en la transformación, el cambio, el contraste y la armonía; pero el gran sistemático fue Platón, quien con su «Alegoría de la Caverna»[1] explicó cómo tenia que salir el ser humano de la caverna, la esclavitud, la oscuridad hasta llegar a la luz, fuente de toda verdad y virtud, además de las implicaciones que conllevaba ésta, cuando se les hablaban a esos obstinados esclavos que amaban las cadenas de la ignorancia y de la muerte.

La filosofía y la religión hacen una simbiosis, en donde la iluminación toma un matiz interesante: la luz es lo espiritual, la oscuridad el mal, lo corporal. Pero cabe agregar la nueva visión religiosa sobre la iluminación que se inició con las fiestas profanas o paganas de las famosas saturnales y francachelas, carnavales símbolos del festín y el desenfreno; el cristianismo se apropió de esa «luz impura» para dignificarla a través de la pureza y de la blancura, las cuales se reflejan en las fiestas sagradas, tales como: la Concepción de Marìa y la Presentación de Jesús ante el templo y otras, para no mencionar.

Quien heredó esta tradición de la iluminación desde la perspectiva helénico – romana fue el cristiano africano de Agustín de Hipona, pero dándole un enfoque a partir de la verdad eterna que se puede alcanzar a partir de la memoria, el conocimiento y de la distinción de los datos sensoriales. Hasta tal punto que descubrió la verdad de la iluminación de Dios desde la interioridad: «Oh verdad eterna tarde te encontré tarde te hallé te andaba buscando fuera de mi y tu estabas dentro de mi»[2]. El escolástico más representativo que tuvo la edad media fue Tomás de Aquino quien percibió la iluminación de la siguiente manera: «Oh creador inefable fuente de luz líbrame de las dobles tinieblas en que he nacido, es decir la ignorancia y el pecado»[3]. Para salir de estas tinieblas el aquinate afirmaba que había que seguir el estudio riguroso e investigativo y las buenas virtudes para alcanzar la felicidad.

La preocupación por la iluminación que era objeto de estudio sólo en el plano espiritual dio paso a la visión científica gracias a las relecturas de Platón neoplatónicos, árabes, que introdujeron el concepto de las matemáticas y de infinitud. Esta nueva visión influyó en los cristianos católicos, Nicolás Copérnico, Galileo Galilei y el protestante Johanes Kepler quienes adoptaron la teoría científica del heliocentrismo al afirmar que: «el Sol es el centro del universo» y referente central, mas no la Tierra y por defender este «chispazo divino» casi les cuesta sus vidas a estos dos científicos en la hoguera por parte de la «Santa Inquisición».

La iluminación tiene su apogeo en el mundo seglar llamado por los historiadores «El Siglo de las Luces, o Iluminismo» en donde se pregonaron tres pilares de la humanidad que aún tiene fuerza entre nosotros: «libertad, igualdad y fraternidad»; estas columnas que nacieron en el seno de nuestra Orden Masónica, ocupa lugar privilegiado, porque nuestros hermanos predecesores tanto en Europa (Juan Jacobo Rousseau, François-Marie Arouet conocido como Voltaire y otros) como en América (George Washington, Simón Bolívar, José Martì y otros) pregonaron el espíritu emancipatorio y le dieron una visión más justa y humanista. Todos estos pasajes mencionados en la iluminación a través del prisma filosófico fueron las motivaciones para escoger este grandioso tema que tiene vigencia, por el momento significativo en que estoy viviendo.
II
El lapso de la iniciación en la Orden Masónica marcó en mi vida dos períodos paradigmáticos: el profano y el ninc et nunc (el aquí y el ahora); éste último estadio de mi vida es la razón suficiente para compartir con los hermanos este Taller; en este ahora recuerdo tres instancias que me invitan a presentar este trabajo:

Un primer momento, cuando fui preparado y llevado por un hermano a la Cám.·. de Refle.·., en ese instante me sentí nada y ante la oscuridad, obviamente, temor; pero sólo me acompañó esa luz tenue que me proporcionaba la oportunidad para pensar mi vida a partir de esas cuatro preguntas que derrumbó el paradigma profano en donde me encontraba: «¿Qué deberes tiene el hombre para con Dios? ¿Qué deberes tiene el hombre con sus semejantes? ¿Qué deberes el hombre para consigo mismo? ¿Qué memoria desearía usted dejar de su paso por la tierra?» Estos interrogantes fueron respondidos gracias a esa pequeña luz débil y que, analógicamente simbolizaba ese faro que proyectaba a mis ojos, la luz que me guiaría a escribir y a contestar las preguntas - problemas; y, de paso me llevaría a llenarme de valor por esta «aventura» de atreverme a pensar con cabeza propia sobre el destino de mi vida.

El segundo santiamén fueron las llamas que sentí en el tercer viaje que me alegró el corazón porque encontraba respuesta al decadente humanismo que se vive hoy en día: amar al prójimo. Y con este imperativo categórico sea la consigna que deba arder constantemente en nuestro pecho. Y para esto hay que encontrarse con los llamado de los preceptos de la moral universal: «No hagas con otro lo que no quieras que te hagan a ti»; y la concreción y opción por el otro cuando se afirma: «Procede con los demás como desearías que procedieran contigo».

Asimismo, el significado de las llamas me hizo recordar el pasaje del texto de la alegoría de Platón cuando el filósofo, o en el caso concreto el Masón debe ir en defensa por la verdad y la justicia; de ahí encuentro, a mi modo de percibir el papel profético de la Masonería en darse al sacrificio por estos valores que son violentados cotidianamente en el medio profano.

El último lapso que marcó mi vida fue cuando se dio la Reanudación de los Trabajos; el Venerable Maestro con la aprobación y el consentimiento de todos los hermanos, quienes nos dieron la luz, para salir de la oscuridad; al momento de recibir la gran luz del Templo, me cegó repentinamente por no estar preparado para recibir la luz inmortal, la cual necesitará de la virtud y de la ciencia. La virtud se adquiere en la constancia de tener buenos hábitos que nos lleven al justo medio, tarea difícil más no imposible, porque somos seres humanos apasionados; el ser virtuoso se consigue con el esfuerzo, la disciplina. El hacer ciencia es alcanzar la episteme, es decir: el conocimiento a partir del estudio riguroso de encontrar la verdad[4], en la investigación; pero no sólo en ésta, ya que la verdad venga de dónde venga es la verdad, se puede aprender del niño, de la persona sencilla, del religioso e inclusive del profano. Estos tres momentos me ayudaron a construir la tercera parte del trabajo. Manifiesto que en calidad de Aprendiz me voy a atrever a hablar de la filosofía Masónica; espero que este ensayo apunte teleològicamente al espíritu de la Orden… de lo contrario esperaré las críticas de una forma abierta y fraternal.
III
A MODO DE CONCLUSIÓN
El Masón en la iluminación está llamado a ser luz, primero en la Orden y luego en el mundo profano; una manera de permanecer en la luz es respetar el espíritu de la Orden que fue diseñado para una comunidad perfecta pero con hombres imperfectos, «el justo peca siete veces al día» decía el Salmista, entonces que será del pecador que peca setenta veces siete; «nada de lo humano me es extraño» decía Pablo; pero aquí está el secreto de ser perfectos, sino podemos, al menos intentarlo, es una tarea ardua, dura, pero posible de alcanzar. Para alcanzarla es necesario sensibilidad por el otro en la fraternidad que será la piedra angular para seguir en pie de lucha contra las ignominias del humanismo, para ello necesitamos de la Orden con el apoyo de los hermanos. Otra base debe ser el estudio para salir de las tinieblas y errores en que siempre caemos, y a veces hasta reincidimos; y peor aún, también en la ignorancia, que es la más atrevida de todas las oscuridades.

El estudio debe estar inserto en la realidad, para ello debemos valernos de la Sagrada Escritura, la Constitución y los Estatutos de la Orden como luz y confrontarlas con los periódicos y otros medios de comunicación que nos desvirtúan y desinforman la cruda realidad de opresión, miseria, injusticia, cosificación del ser humano, pérdida de identidad, etc. Estos antivalores deben preocuparnos, para batallar y no caer en la desgracia del desconocimiento de la realidad.

Ser luz dentro de la comunidad debe ser el eje que nos ayude para afrontar las vicisitudes, para ello se necesita que el primero entre nosotros deba iluminar y servir a los demás hermanos sin distinción alguna, y no quedarse en el contemplar, sino dar del fruto de lo contemplado, es decir, que no sea egoísta en la vanidad académica, más bien que sea sensible en ayudar al hermano como par, no con falsos paternalismos que inducen al hermano, como diría Emmanuel Kant a la pereza y a la cobardía de pensar con cabeza prestada.

El espíritu pluralista debe permanecer en la Orden Masónica, para que la riqueza se dé en la diversidad y sea un espacio para respetar el disenso, la diferencia, pero respetando las instancias de la Masonería que no es una línea vertical -a mi modo de ver- más bien una brecha en donde se puedan compartir experiencias, conocimientos, pero siguiendo la directriz del respeto: «no hay títulos más alto y más meritorio para un Masón que el de llevar una vida activa y laboriosa»[5]. Como no hay nivel más alto que el sublime grado de Maestro Masón (en el simbolismo); nosotros hemos sido testigos del aporte histórico de la Masonería por medio del amor fraterno y del afecto a los diferentes seguidores en los diversos caminos espirituales de donde procedían, pero que apuntaron a los principios emancipadores de la humanidad y se congregaron para tener un solo sentir y un solo compartir, nota distintiva que caracteriza el Espíritu Masónico, he aquí la impronta que se deba resaltar.

Los hermanos comprometidos en la Logia que tengan comportamiento virtuoso y confíen en el Gran Arquitecto del Universo, no se les negará ninguno de los derechos, luces y beneficios que la Orden Masónica proporciona a los mayores de edad que quieren crecer en la comunidad. Recordando la antigua comunidad cristiana en donde los profanos, bárbaros, se admiraban de su estilo de vida cuando observaban: que bueno y agradable que los hermanos moraran juntos en una sola unidad, pero cada uno rogando al Gran Arquitecto del Universo a la contribución comunitaria, acorde a sus capacidades.
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[1] Véase Liturgia para el Grado de Aprendiz Masón R.·. E.·. A.·. A.·., Pág. 41

[2] Se entiende por verdad la adecuación de la mente con la cosa, es decir, el objeto, la realidad.

[3] Véase Platón. La Republica. Libro VII

[4] Véase Agustín. Confesiones, libro

[5] Véase Tomás de Aquino. La Oración Antes del Estudio

sábado, 19 de julio de 2008

Se fue el amigo, el altruista y el gran Masón


Por: Mario Morales Charris 33º
Past Ven.·. Maest.·. Resp.·. Log.·. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia
Pres.·. Gran Consejo de Cab.·. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám.·. 30°

«La vida puede prolongarse con la medicina,
pero la muerte se apodera hasta del médico»

William Shakespeare
(1)


Lo conocimos hace veintiocho años y medio cuando nos iniciamos –el 15 de febrero de 1980– en la Respetable Logia Triple Alianza No. 2, jurisdiccionada a la Muy Respetable Gran Logia Nacional de Colombia, cuando esta magna Institución funcionaba en la calle 39 No. 41 – 56. Tiempo después, al afiliarnos a la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, como algún día lo manifestó el “Poeta Indio” y premio nóbel de literatura en 1913, Rabindranatb Tagore, “no tengo palabras con qué expresarle mi inmensa alegría de ver, a través de todas las cosas, la luz que brota de nosotros mismos” cuando me reencontré con mis viejos amigos, dentro de los cuales se encontraba el Ilustre y Poderoso Hermano Leonello Marthe Zapata, quien el 18 de julio del presente año se nos adelantó al camino a donde todos nosotros, tarde o temprano, tenemos que ir: al Oriente Eterno.

La vida de la mayor parte de los seres humanos no es más que una lucha permanente por su existencia misma, con la seguridad de perderla de todas maneras; sin embargo, lo que le hace mantenerse en esta penosa hostilidad no es tanto el amor a la vida sino el temor a la muerte. Pero somos testigo que el hermano Leonello Marthe no le temía a la muerte; conocíamos su modo de pensar, tenía claro el concepto de lo que es la vida y la evolución de las especies y/o de los seres vivos. En cierta ocasión le escuchamos una conferencia sobre esta temática en la Respetable Logia Nueva Alianza No. 2, y tuvimos la oportunidad, junto con los hermanos Alberto Donado Comas y Agustín Puello Acuña, de acompañarlo en diversas ocasiones en los periplos que hacía al interior del Cementerio Universal, pasando revista a los trabajos que allí se hacen a diario, propios de un camposanto. En estas caminatas muchas veces se tocó el tema de la muerte, de ahí que nos atrevamos a señalar la concepción que tenía este gran hermano sobre la vida y la muerte, tanto es así que llegó a publicar un libro de poemas dedicados a la muerte: «Los Cantores de la Muerte».

El hermano Leonello se destacó por ser un hombre virtuoso, franco, fiel cumplidor de su deber, de carácter, de una recia personalidad, en otras palabras fue un Masón integral; le molestaba cuando alguien llegaba tarde a una reunión, o cuando un Masón violaba una norma, en este sentido era muy estricto. Por estos motivos tuvo algunos contradictores, que incluso después de su paso a la Logia de la Eternidad llegaron a decir, por la Internet, que “… discreparon de sus ideas y posturas ortodoxas y dogmáticamente masónicas y ateístas…”, que “… guardó una actitud conservadora y radical…”, que “… Son mis más sinceros deseos que el recuerdo de las ejecutorias del Q.·. H.·. Leonello Marthe Zapata se constituya en una oportunidad más para unirnos en torno al progreso de la Masonería, y que como dice la liturgia que acabamos de celebrar “... que la caridad nos incline a correr un velo sobre sus debilidades,...” Todo esto nos demuestra que fue un hermano de una cultura envidiable, sus charlas eran tan profundas como exquisitas y las posiciones que tomaba en torno a un tema generaban controversias entre algunos hermanos que no lograron entenderlo. Él era amigo de sus amigos, pues como decía el famoso filósofo Pitágoras: “Son nuestros amigos los que nos señalan nuestras faltas, no los que nos adulan”(2) , y ese era el hermano Leonello.

Sin duda alguna tuvo un liderazgo en la Orden Masónica y una condición intelectual que lo llevó a conducir instituciones sin ánimo de lucro de una manera ejemplar como la Sociedad Hermanos de la Caridad desde el 27 de marzo de 1987 hasta cuando dejó de existir.

Con tesón, empuje y mística le imprimió a este organismo un ritmo de trabajo impresionante para rescatar el Cementerio Universal, que estaba por perderse. Si no hubiese sido por él, hoy no tuviéramos ese patrimonio histórico y económico que con mucho orgullo lo damos a conocer local, nacional e internacionalmente.

Es a través de este patrimonio por el cual sacamos a relucir las obras que desarrollamos los Masones de la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia:

  • Publicaciones de libros, revistas Plancha Masónica, el Misionero, Poemario, etc.
  • Funcionamiento de la Biblioteca Pública Julio Hoenigsberg.
  • Actos culturales.
  • Becas a estudiantes sin recursos económicos en diferentes universidades de la ciudad de Barranquilla.
  • Préstamos de sillas de rueda a personas necesitadas.
  • Ayuda económica a esposas de hermanos que pasaron al Oriente Eterno y quedaron desamparadas.
  • Donación de válvulas de Jakim para niños con hidrocefalia y sin recursos económicos.
  • Contribución económica para el funcionamiento del Liceo del Norte de Colombia en el que estudian niños de estrato uno.
  • Contribución económica a otras instituciones sin ánimo de lucro.

Además, nos dejó otra obra próximamente a inaugurarse: La Funeraria Universal que no pudo verla finalizada y como hecho curioso se la estrenó en sus exequias para el ritual fúnebre Masónico que le hicimos el 20 de julio.

Como hombre de academia, investigador y ávido lector, logró construir una biblioteca en su residencia, la que tuvimos oportunidad de conocer, y que muy pocos profesionales la tienen en nuestra ciudad. Ese perfil de investigador le hizo publicar, a través de la Editorial Grijalbo, obras como: Cartas desde la Trinchera y El Aborto en Colombia; después publicó Historia de la Sociedad de Hermanos de la Caridad y Los Poetas Cantores de la Muerte. Asimismo, se propuso revivir en una segunda época la revista El Misionero. El primer número salió el 9 de mayo de 1992 y desde entonces logró publicar 64 números. “Realmente son pocas las publicaciones divulgadoras de la cultura y con contenido fundamentalmente humanista que llegan a esta cifra”, nos decía el hermano Leonello en el editorial del Misionero No. 50. También, en el último párrafo del mismo editorial nos hace una recomendación: “Hoy, después de su nuevo renacimiento, esperamos que nuestra Sociedad Hermanos de la Caridad y sus directivos, continúen con esta obra literaria que es un ejemplo para las sociedades sin ánimo de lucro, que cumplen estrictamente con los principios esenciales de su existencia”.

Por ese rasgo de intelectual que profesaba, lo recordamos mucho, sobre todo cuando sacaba su “libretita roja” del bolsillo de la camisa, donde tenía anotado temas importantes de la literatura en general y muchas curiosidades. En ella, algún día nos pidió que le anotáramos, al escucharnos, la palabra simple más larga que existe en nuestro idioma: «pentaquismirioexaquisquiliotetracoxioexacontapentagonalis», es el nombre del polígono de 5.645 lados.

Otro día muy temprano nos llamó por teléfono para felicitarnos, porque nuestro nombre aparecía citado dos veces en el libro «El Registro Oculto», escrito por la historiadora Adelaida Sourdís Nájera y publicado por la Academia Colombiana de Historia. La autora nos cita porque se leyó el opúsculo «Reflexiones Masónicas sobre un Artículo Farisaico» que escribimos en febrero de 1999. La última vez que nos llamó, en marzo de este año, fue para decirnos que nos iba a publicar en El Misionero el ensayo La Música Masónica de Mozart que había aparecido en la revista Dominical del diario El Heraldo el 22 de enero de enero de 2006. Por esta razón en la última revista (El Misionero No. 64) aparecen publicado dos ensayos de nuestra autoría.

Como hemos podido ver muy brevemente, el hermano Leonello era un hombre estudioso, recto, sincero, que se preocupaba por sus amigos; diríamos que reunía todos los requisitos de las tres clases de hombres para ser amigo, definidas por Confucio. Este filósofo chino nos enseña que “hay tres clases de hombres con los que resulta útil unirse en amistad: los hombres rectos, los hombres sinceros y los hombres que han aprendido mucho” (3).

En cuanto a la carrera Masónica de este gran hermano, debemos resaltar que el 3 de marzo del 2000, el Supremo Consejo de Francia lo designó como el representante de la Francmasonería francesa en Colombia.

Entre el 6 y el 8 de septiembre del 2001 asistió, en representación de la Muy Respetable Gran Logia del Norte de Colombia, a la Convención de París, convocada por el Gran Oriente de Francia.

El 23 de marzo de 2002 se posesionó como Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para Colombia. Cargo que desempeñó con lujo de competencia para regir los destinos de la Masonería en nuestro país. En efecto, fue reelegido tres veces y ya cuando su salud comenzó a desmejorarse, renunció el 25 de mayo del presente año. Es de anotar que ha sido el único Masón de Barranquilla en alcanzar tan alta dignidad.

Entre el 9 y 12 de mayo de 2002, con la investidura de Soberano Gran Comendador, acompañó al Muy Respetable Gran Maestro, Alberto Donado comas al coloquio y asamblea general de CLIPSAS, celebrada en la ciudad de Curitiba, Brasil.

Para finalizar estas líneas, les somos franco a nuestros lectores que no ha sido nada fácil escribirlas por el gran aprecio y cariño que le hemos tenido al hermano Leonello. Muchas veces debimos levantarnos del frente de la computadora porque nuestras lágrimas se asomaban y nuestra mente quedaba en blanco. Nos sobreponíamos con esfuerzo para lograr aceptar tan lamentable pérdida.

El hermano Leonello se fue físicamente para el Oriente Eterno, pero por su obra que dejó en su breve paso sobre la tierra estará siempre vivo en nuestras mentes. ¿Cómo olvidar a un hermano de ese talante?

Para reflexionar: el científico, inventor, político y hermano Masón, Benjamín Franklin nos decía: “un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano” (4).


Hermano Leonello… Id y descansar en paz..!

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(1) Vargas Rojas, Pedro Ignacio. DICCIONARIO DE MÁXIMAS. Vol. 2. Editorial Printer Latinoamericana Ltda. Círculo de Lectores, S. A. Primera impresión. Bogotá. Abril de 1993. P. 190.

(2) Idem. Vol 1. P. 34.

(3) Ducourant, Bernard. SABIDURÍA CHINA: Sus Proverbios y sus Sentencias. Ediciones Martínez Roca., S. A. Barcelona, España. 1997. P. 134.

(4) Vargas Rojas, Pedro Ignacio. Op. Cit. Vol. 2. P. 30.

viernes, 21 de marzo de 2008

No a la discriminación


Mario Morales Charris

Este es un espacio abierto al debate y a la reflexión de toda clase de temas, pero en especial al relacionado a la Masonería. En efecto, debe reinar la mayor DISCRECIÓN y TOLERANCIA en todas sus formas.

Nuestro pensamiento es, ha sido y será siendo, que somos una verdadera Cadena de Unión Universal. Por principio le decimos NO a cualquier tipo de discriminación, venga de donde viniere. Por ello nos oponemos a la discriminación de género al interior de nuestra Orden.

De todos los hermanos y hermanas es sabido que Los Antiguos Usos de la Francmasonería nos enseña que debemos respetar y obedecer la Constitución y las leyes del país de la jurisdicción. Hoy, en este mundo de la post-modernidad, donde todos somos iguales, la gran mayoría de los países tienen consignado en su Constitución Política la no discriminación de género. Sin embargo, no venimos cumpliendo cabalmente este precepto que hemos jurado cumplir. Para el caso de Colombia, violamos flagrantemente uno de los derechos fundamentales de la mujer (Artículos 13 y 43 de la Constitución Política). Peor aún, es una fehaciente violación a la Declaración Universal de los Derechos Humanos Adoptada y proclamada por las Naciones Unidas mediante Resolución 217 de la Asamblea General del 10 de diciembre de 1948, que tanto nos comprometemos respetar en nuestra Institución. Por consiguiente, somos del criterio que debemos dar ejemplo de fieles cumplidores de las leyes y de nuestros principios franqueándole la entrada a la mujer a nuestros augustos misterios para que participe en los trabajos de nuestras Logias en iguales condiciones que el varón. Es que la mujer debe vivir a la par con el hombre y no a sus pies como un juguete hermoso, nos decía nuestro Q:. H:. José Martí.


Además de lo anterior tampoco hacemos distinción de Ritos, organizaciones, Grandes Logias, Supremos Consejos, Jurisdicciones u Obediencias. Es un punto de encuentro para buscar la unidad que la Familia Masónica necesita, por el bien de la Humanidad.

Pero también pueden participar, en estos foros de reflexión, todas aquellas personas que tienen la virtud de ser libres y de buenas costumbres que no se hayan iniciado en nuestra Orden.

Siendo así, ..¡Servíos anunciar en vuestras Columnas respectivas que están abiertas las reflexiones en bien general de nuestra Orden y en particular de este respetable foro..!

Bienvenidos Queridos Hermanos, Hermanas y amigos en general ..!