viernes, 6 de julio de 2007

El Oficio de los Constructores y la Masonería Contemporánea


Por: Giovanni Geraldino Caballero, M.·. M.·.
Resp.·. Log.·. Nueva Estrella del Caribe No. 3
Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia


Se alcanza a comprender que lo que hoy conocemos como «Masonería» germina de una tradición empleada por los constructores en la edad media y que fue modificada en el siglo XVIII por variables exógenas al gremio, quizá la más importante fue la del decaimiento del negocio, consecuencia al monopolio eclesiástico que se tomó al oficio. Tales cambios trajeron consigo la continuación de su legado convirtiéndose en «Especulativa», recibiendo miembros en calidad de “aceptados”; es decir, que ya no era indispensable ser constructor para ingresar.

En el siglo XVIII sus modificadores la componen de arte y ciencia; arte en esencia ya que contiene un método de reglas morales, como también habilidades innatas y adquiridas del adepto; esta escuela nos invita al estudio y a pensar racionalmente cada capitulo de nuestras vidas, dejando en el tintero todo tipo de dogma, perfilando así su parte científica.

La Masonería especulativa se ocupa con otras ramas del saber, otorgándole a la alegoría su parte constructora, sin embargo era preciso censurar la política y crear una neutralidad en cuanto a la religión, siendo estos los temas mas complejos y vulnerables de todos los tiempos, elaborando la figura no impuesta del G.·. A.·. D.·. U.·. asignándole un matiz deísta, con el fin de buscarle una explicación a lo creado.

En esta reforma nace la idea que el aspirante, además de ser intelectual, debía contar con libertad y buenas costumbres, dándole a la Orden una distinción de sociedad perfecta; libertad de pensamiento para poder conectarse sin ningún conflicto a otras ideologías y de esta manera facilitar la adaptación a la majestuosa y hoy tradicional alegoría de sus rituales, sin tacharlos como sectarios. Colando a su vez para la institución “lo mejor, de lo mejor”, es decir personas que contaran con ética y valores necesarios en todos los tiempos para una sana convivencia. Por eso la Masonería se caracteriza como la unidad en la diversidad o fenómeno sociológico, por medio del cual personas extrañas entablan indestructibles lasos fraternales, sirviendo la Logia como principal escenario.

Si visitamos cualquier construcción en pleno siglo XXI con todas las facilidades que cuenta una persona para instruirse se alcanza a observar que el 60% del personal de obra cuenta con escasos principios y muchos de ellos sólo alcanzaron la primaria, lo que nos deja deducir, que en esa parte exista poca diferencia con los antiguos constructores, sumado a esto en la Edad Media sólo la clase alta tenia derecho a la educación.

En nuestro tiempo el oficio de la construcción se ha ido perfeccionando, no obstante trajo consigo sus tres rangos Aprendiz, Compañero y Maestro de un modo tácito, con la diferencia que ahora estos se encuentran especializados en una materia en especifico, por ejemplo: el arquitecto o ingeniero residente ocuparía el cargo de Ven.·. M.·., siendo el encargado de contratar, supervisar, dirigir y autorizar el pago en este caso a una persona para que se haga cargo de la electricidad del proyecto, llamada «contratista de los eléctricos». El señor contratista ocuparía el cargo de Maestro en su ciencia, a su vez este contrata a la cuadrilla de Compañeros encargados de las partes mas técnicas y los Aprendices hoy llamados en algunas obras “pupilos” se encargan del oficio mas pesado llámese arrear el material, excavar para acometidas de tubería y mezclar para elaborar registros. Así sucede con el trabajo de plomería, enchapes, estructura, resanes etc. Cabe aclarar que en algunos trabajos el Compañero además de desempeñar sus funciones, a veces realiza el trabajo que le corresponde al Aprendiz, todo depende del presupuesto de la Obra. Posiblemente de ahí nace la teoría o registro histórico que el Primer y Segundo Grado eran uno solo.

Muy seguramente para ser Aprendiz en la Edad Media era un requisito indispensable el conocer la retórica y la gramática para poder comunicarse con sus Compañeros, evitando crear cuellos de botella en planta. Probablemente también tenia el aspirante que contar con ciertos atributos físicos de perfección para ser aceptado y poder así desempeñar a cabalidad sus funciones. Hoy cada contratista crea sus requisitos de ingreso conforme a la ley.

La alegoría del Segundo Grado, deja ver que a los antiguos constructores les tocaba aprender un poco de cada cosa correspondiente a las ciencias del oficio, como era la geología, astronomía, geometría etc. En cuanto al arte era indispensable aprenderlo para el acabado que se le quería adornar a los interiores, fachadas y columnas de la estructura, por ejemplo:

En Grecia en el siglo IX a. C. nacen los siguientes estilos:
El dorico: columna compuesta por capitel, ábaco y esquino.
El jonico: capitel adornado con volutas.
El corintio: capitel adornado con hojas de acanto y calículos.
En Italia nacen dos estilos más en plena edad media:
El toscazo: capitel parecido al dorico y su fuste tiene una altura de siete veces su diámetro inferior. Y
El compuesto: que es una combinación del estilo jonico y corintio.

En cuanto al Mandil, hoy no se usa en el sector de la construcción y el que hoy utilizamos como símbolo Masónico, quedaría como poco funcional para el arduo trabajo del siglo XIII. De esta manera se entiende que es en el Periodo Especulativo donde nacen las interpretaciones a este, una de ellas dice así:

El Mandil del Compañero se altera, la babeta cae representando que el triangulo superior que forma su babeta, representa al mundo espiritual y su lado inferior forma un cuadrado que representa a el mundo material, explicando que el Compañero ya conoce estos dos espacios y que su espíritu ya penetra la materia.

Me atrevería a afirmar que el oficio de los constructores hoy como ayer se encuentra vacío de cualquier misterio tracendentalista, dejando sólo oculto los Toques, Palabras y Números aprendidos para emplearlos en los recibos de Salario, como hoy cualquier persona guarda en secreto su chequera, clave y tarjetas bancarias para la seguridad de su dinero. Los misterios apuntan a que aterrizaron en la Masonería del siglo XVIII recargando de ocultismo la alegoría del oficio.

Una de las diferencias que afronta la Masonería contemporánea y que no permite que fluya la fraternidad entre algunos Orientes es la mujer. Es justificado que para la Edad Media el oficio de la construcción fuera empleado por hombres ya que por lo obsoleto del equipo de trabajo se requería fuerza y conocimiento; fuerza que es una diferencia que siempre existirá, tratando de establecer un comparativo con el hombre, pero hoy debido a que es alegórico el oficio, la mujer se encuentra en óptimas condiciones para desempeñarlo. En cuanto al conocimiento, en ese entonces se adquiría a través de la experiencia o era transmitido de un funcionario a otro, lo cual era imposible de alcanzar para la mujer debido a las mismas circunstancias de la época.

No obstante, hace mas de medio siglo en todos los sectores pero en especial el que nos compete, el de la construcción evoluciona; hoy existe tecnología de punta y escuelas de formación para el oficio y con ellas mujeres arquitectas e ingenieras, que cuentan con el conocimiento necesario para dirigir una obra con cientos de hombres a su cargo. La inhabilidad de las mujeres es un paradigma que ellas se han encargado de romper con hechos.

En ese orden de ideas creemos justo con la tradición que empecemos a reflexionar en el arquetipo de cómo los antiguos constructores se crearon un objetivo diseño para desempeñar a cabalidad el oficio, levantando catedrales que hasta hoy perduran, utilizando sus herramientas justo para lo que fueron fabricadas y una de las principales tareas del Masón contemporáneo es emplear esos mismos instrumentos hoy llamados «Símbolos con disciplina en nuestra autoconstrucción», desarrollando una aptitud con “p”, dejando de lado esa actitud con “c” que atrofia la plena ejecución de ese deber ser de la Institución para aprender a optar en lo que es mejor para ella, sin sobreponer el como me gustaría que fuera. No obstante, la historia con hechos como el de este oficio nos ha dejado ver que los cambios son inevitables ya que si el oficio no se hubiese transformado como sucedió en el siglo XVIII, la Masonería tal como la conocemos hoy no existiera.

Si uno de los fines que persigue la Orden hoy es crecer, nos parece oportuno que los Masones rompamos con el paradigma de “no mostrar la Masonería”, ya que el mostrarla no seria problema, sino un beneficio si se sabe mostrar y a quién mostrar la Institución, así lo ilustra el mundo empresarial que busca consolidarse y expandir su productividad en el mercado. Nuestro producto cuenta con valores agregados incalculables y con la diferenciación que nos hace altamente competitivos.

Existen muchas personas capaces de formarse como Masones, paradójicamente no saben que esta formación existe y es aquí donde se encuentra nuestro nicho de mercado esperando estrategias para llegar a el.