lunes, 14 de diciembre de 2009

GEORGE WASHINGTON BALL

–210 AÑOS EN EL ORIENTE ETERNO–



Por: Mario Morales Charris 33º
Past Ven.·. Maest.·. Resp.·. Log.·. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia

Pres.·. Gran Tribunal Soberano «Lázaro Bravo Maury», Cám.·. 31°



«Estoy convencido de que por medio de una justa aplicación de los principios en que está fundada la Masonería se pueden desarrollar la virtud individual y la prosperidad pública; me consideraré siempre feliz en poder promover los intereses de la Sociedad y ser considerado por sus miembros como un hermano digno de su estimación».


GEORGE WASHINGTON BALL[1]



INTRODUCCIÓN

Hablar de George Washington es platicar de uno de los hermanos que más honores ha recibido a lo largo de la historia americana. Pocos hombres han tenido una influencia tan profunda en el curso de la historia humana registrada como él.

Murió en el Monte Vernon de una infección en la garganta hace 210 años, el 14 de diciembre de 1799, dos años después de haber cumplido con su segundo período presidencial, donde logró que su país gozara de mayor libertad económica. Siendo, como era, el artífice de la independencia de su nación y gozando de gran autoridad y de la aclamación de su pueblo, rechazó toda posibilidad de una tercera legislatura para afianzarse al gobierno, entregando civilmente la primera magistratura de la nación a John Adams. ¡Ojalá! esta cualidad sirva de paradigma a muchos mandatarios de hoy que hacen reformar –con su autoridad omnipotente– las constituciones políticas de sus países para hacerse reelegir tres o más veces, aferrándose de esta manera al poder y así mantener su hegemonía en detrimento de la gran mayoría de los grupos sociales de su terruño.

Como político fue un astuto y audaz diplomático así lo justifica el hecho de haber logrado en plena guerra que las trece colonias reunidas en un congreso, aprobaran la Declaración de Independencia. Asimismo, respaldó la idea de los federales que planteaban la centralización del poder. No obstante, mantuvo buenas relaciones con los republicanos que apoyaban la autonomía política de los estados. Fue tal su idoneidad, que para esos días lo escogen delegado a la Convención Constitucional por el Estado de Virginia y después presidente de la misma, lo que nos demuestra que fue un gran conciliador entre las posturas de los republicanos y federalistas.

Sin embargo muchos han cuestionado y subestimado a Washington como político porque para él estaba primero el ser humano como tal antes que cualquier acción o contienda política. En verdad, era muy susceptible a la opinión pública; por tanto, tenía bien claro que el poder supremo recaía en el pueblo a través del juego democrático.

A pesar de poseer un inmenso poder para influir en la opinión pública, siempre fue mesurado en emplearlo en contadas ocasiones, únicamente cuando creyó que era definitivamente necesario para alcanzar un bien común de forma especial.

Algunos historiadores consideran que el libertador de EE. UU., no fue un gran intelectual, pese a que sus métodos, de raciocinio obtenidos en la formalidad, el desarrollo y organización de las fuerzas armadas y el funcionamiento del gobierno, dejaron una huella indeleble en ese país, lo que no sucedió en su campo con un gran número de sus compañeros letrados. Tampoco se le reconoce como un brillante militar; con todo, sus victorias han tenido un profuso impacto a largo plazo en la historia del mundo que muchos otros patriotas.

Washington fue el Comandante en Jefe de las fuerzas estadounidenses en la guerra de la independencia de los Estados Unidos. Luego se convirtió en el primer presidente de este país. Debido a su trascendental contribución en la creación de los Estados Unidos, es conocido como «padre de la nación estadounidense»

Al igual que numerosos patriotas y grandes hombres de la humanidad que hicieron historia, con el pasar del tiempo se convirtió en un ícono; tanto es así que al conmemorarse el bicentenario de su nacimiento en 1932, el entusiasmo de los investigadores provocó la primera colección completa y la publicación de muchos de sus escritos.

En cuanto a su carrera Masónica es mucho lo que se ha dicho, quizá porque nuestros hermanos americanos se entusiasman cuando hacen referencia al caso de que el célebre patriota, cuya remembranza veneran de tal forma que su panteón en las riberas del Potomac lo han convertido en la Meca de América, no sólo era apreciado como un miembro de la hermandad, sino como un caballero que invariablemente supo expresarse de manera fervorosa de la Francmasonería.

Es de gran valor señalar que el presente ensayo tiene como objetivo central, recordar la memoria de nuestro Poderoso Hermano George Washington Ball en sus 210 años de haber pasado al Oriente Eterno. Por consiguiente, haremos un esfuerzo en dar a conocer brevemente su biografía en reconocimiento a su gesta por la causa libertadora de esa gran nación como lo es los Estados Unidos de América del Norte.

BIOGRAFÍA

George Washington nació el 22 de febrero de 1732[2] a orillas del río Potomac, en la finca de Bridge's Creek, en el antiguo condado de Westmoreland, hoy estado de Virginia, EE. UU. Descendiente de una destacada familia inglesa, oriunda de Northamptonshire. Su bisabuelo, el coronel John Washington, acompañado de su hermano Lawrence, emigraron a la colonia de Virginia en 1656, donde lograron acumular grandes posesiones de tierra. Su padre Agustine, quien estudió en Inglaterra, se convirtió en un señor terrateniente, en donde las explotaciones agrícolas las hacía única y exclusivamente con mano de obra esclava, modo de producción propio de la época, y más tarde probó lucrarse con la extracción del hierro.

Agustine contrajo matrimonio con Jane Butler, quien le dio cuatro hijos, sólo dos de ellos –Lawrence y Agustine– llegaron a la edad adulta; al enviudar se casó por segunda vez con Mary Ball, perteneciente a una importante familia de Virginia, con la que tuvo seis niños más, entre ellos George, el mayor.

No obstante la ventajosa situación económica de sus padres, prósperos colonos de la región, sólo recibió una educación puramente elemental. Frecuentó las escuelas rurales de aquel tiempo. Entre los siete y los quince años estudió de modo irregular, primero con el sacristán de la iglesia local y luego con un maestro llamado Williams. Alejado de toda preocupación literaria o filosófica, el muchacho recibió una educación rudimentaria, pero sólida en el orden práctico. Igualmente asistió a la escuela de Willansbrerg, ocupándose con prelación al estudio de las matemáticas; conocía la geometría y la trigonometría, y no hablaba otro idioma que el inglés.

En el inicio de su adolescencia ya estaba bastante familiarizado con las faenas de los plantadores como para cultivar tabaco y almacenar uvas. En ese entonces, cuando tenía once años, murió su padre, en 1743, correspondiéndole en herencia la casa y las tierras de Rapphannok, pero continuó viviendo, en «Mount Vernon», al amparo de su medio hermano mayor, Lawrence, un hombre de buen carácter que, en cierto modo, fue su tutor.

A raíz de la muerte de su padre, la familia Washington decide mudarse a Ferry Farm, Condado de Stafford. En su nueva casa, George se familiarizó en un ambiente más grandioso y señorial, ya que Lawrence se casó con Anne Fairfax, una de las grandes herederas de la comarca que solía relacionarse con la alta burguesía de Virginia. Fue allí donde sus dos hermanastros –con la anuencia de su madre quien le impidió ser marinero– lo entrenaron para que se convirtiera en un agrimensor. En este proceso de formación, también influyó mucho William Fairfax, suegro de Lawrence quien, además y, a través de sus amistades en julio de 1749 le consiguió el nombramiento como inspector del Condado de Culpeper, Commonwealth, Virginia y después oficial agrimensor (asistente de una expedición para medir las tierras de lord Fairfax en el valle de Shenandoah) vínculo laboral bien retribuido que le permitió adquirir su primera hacienda en ese valle, de las muchas posesiones compradas en el occidente de Virginia. Tres años después se consagró al ejercicio de las armas, que era su inclinación.

En 1751 a Washington le correspondió acompañar a su medio hermano mayor, Lawrence –quien estaba muy enfermo de tuberculosis– a la isla de Barbados con la esperanza de que el clima le ayudaría. En este lugar George contrajo el virus de la viruela que le dejó muchas cicatrices en su rostro. Con todo, Lawrence no mejoró y se vieron obligados regresar a casa («Mount Vernon») en donde finalmente murió en julio de 1752. Por consiguiente, George a los veinte años, se convierte en cabeza de familia, pasando a ser uno de los hombres más importantes y ricos de Virginia, ya que heredó la propiedad de «Mount Vernon», un inmenso latifundio con 8.000 acres (3.237,50 Ha.) y 18 esclavos.

Washington: Masón, Político y Militar

Cuatro meses después de la muerte de su hermanastro Lawrence, George fue iniciado en noviembre 4 de 1752, a la edad de veinte años[3], en nuestros augustos misterios, en la Respetable Logia Nº4 Fredericksburg de Virginia. Luego, el 3 de marzo de 1753, se le concedió el Aumento de Salario, otorgándole el grado de Compañero y el 4 de agosto de este último año se le exaltó al grado de Maestro. Al mismo tiempo Washington fue designado por el gobernador Robert Dinwiddie como uno de los cuatro comandantes adjuntos distritales con el rango de mayor en la milicia de Virginia y un sueldo de 100 dólares anuales. Este nombramiento se le hizo debido a que su medio hermano Lawrence, ocupaba la posición de «General Adjunto», un cargo de dirección militar, que al morir, fue dividido en cuatro plazas.

De igual manera, para esa época la Masonería –que trabajaba casi exclusivamente bajo los auspicios de la Gran Logia Unida de Inglaterra– se expandía a través de las colonias estadounidenses. Sin embargo, muchas de las primeras Logias fundadas en estos territorios carecían de Carta Patente o Constitutiva, por lo que eran consideradas “irregulares” por la Gran Logia Unida de Inglaterra; no obstante, un número importante de ellas, como hecho curioso, fueron autorizadas por la Gran Logia de Irlanda, que ofrecía los «altos grados», propios de la Masonería Jacobita.

El otro medio que empleó la Gran Logia Unida de Inglaterra para extender la Francmasonería fue la milicia. Desde 1732, ya venía utilizando el ejército británico en forma de «Logias de campaña» entre los regimientos. Estas Logias eran móviles, portaban sus propios símbolos y arreos en baúles junto con los estandartes del destacamento, la vajilla de plata y otros enseres de lujo estrictamente militar.

A la postre, la Masonería americana y la del ejército inglés no tardaron en unirse en una escala sin precedentes en ese momento histórico. Los soldados “regulares” anglos trabajaron estrechamente en procedimientos y operaciones militares con los colonos “irregulares” y en este proceso los exaltaban a Grados Superiores.

Obviamente, con anterioridad, se habían llevado a cabo acciones militares en Norteamérica, donde los intereses sajones y galos habían estado enfrentados desde comienzos del s. XVIII, originando suma intranquilidad entre los colonos. El asunto se agrava cuando crece la población inglesa, por distintos motivos, en territorios estadounidenses. En efecto, la organización, las comunicaciones y el comercio se desarrollaron rápidamente. En consecuencia, se hacía necesaria la expansión hacia el valle del Ohio, oeste de Pennsylvania, lo que significaba una amenaza en los límites de la región francesa (río San Lorenzo) en Canadá, y el territorio del Mississippi, por lo que en 1753 el gobernador Dinwiddie debió encomendarle a Washington la delicada misión de realizar un reconocimiento y construir un fuerte en la zona colindante, sitio agreste, poblado de tribus feroces y atestada de cualquier cantidad de riesgos. Allí estalló inicialmente un combate de grandes proporciones. Del mismo modo los cuatro primeros años estuvieron acentuados por las pérdidas castrenses. En abril de 1755, por ejemplo, una caravana británica –integrada por militares regulares y unidades de la hueste colonial– al mando del general Edward Braddock fue emboscada por destacamentos franceses y sus aliados indios de Fort Duquesne. La tropa quedó materialmente arrasada, Braddock resultó letalmente lesionado, Washington –su asistente de campo– recibió cuatro balazos en su uniforme, logrando huir como pudo, afortunadamente fue el único oficial que no quedó herido. A este revés le siguieron muchos fracasos similares, de tal modo que fueron sucumbiendo cada uno de los fuertes británicos establecidos en lo que es actualmente el norte del estado de Nueva York. No obstante a lo aquí brevemente narrado, el 9 de julio de 1755, Washington se destacó en la ofensiva de Monongahela por su arrojo y habilidad en la toma de decisiones, aunque ésta también terminó en una desgracia para los ingleses.

En virtud de las series de derrotas, lo cual incidió anímicamente en el joven militar, éste decide retirarse a «Mount Vernon» con la invariable intención de no regresar a la milicia. Pese a su decisión, no fue posible cumplirla, ya que altas personalidades de Virginia le solicitaron hacerse cargo de los batallones, estando al mando de ellos hasta 1758, período en que de la misma forma fue elegido miembro de la Cámara de los Burgueses de Virginia; pero antes, en 1756, al declararse la «Guerra de los Siete Años», en que los franceses intentaron establecerse en el valle del Ohio, Washington fue ascendido a teniente coronel de la tropa de Virginia, a las órdenes del general Fry. Al caer éste en batalla, le substituyó como jefe supremo de las fuerzas armadas del condado. Al poco tiempo pasó a formar parte del estado mayor del general Braddock, que tenía a cargo los destacamentos regulares enviadas por Inglaterra. En esta «Guerra de los Siete Años», los ingleses resultaron vencedores, se apoderaron de Quebec y Montreal y establecieron su hegemonía en América del Norte sobre franceses y españoles.

Finalizada la «Guerra de los Siete Años», Washington le sugirió a los británicos su nombramiento como oficial de alto rango, argumentando haber cumplido con su cometido. Pese a lo planteado, no fue escuchado, por lo que dimitió y se retiró a «Mount Vernon», Virginia. Al poco tiempo, el 6 de enero de 1759, contrajo matrimonio con Martha[4] Dandridge Custis, una joven hermosa y rica viuda del coronel Daniel Parke Custis, poseedora de una de las mayores fortunas de Virginia. Tenía un gran número de esclavos y 15.000 acres (6.070,30 Ha.) de tierra. No tuvieron hijos propios, pero educaron a los que Martha tuvo en su anterior matrimonio: Jack de cuatro años y Patsy de seis, convirtiéndose en la verdadera familia de Washington.

Últimamente se ha venido dando la discusión si el Padre de la Independencia de los Estados Unidos era o no fértil. Algunos tratadistas señalan que él había quedado estéril a raíz de haber contraído la viruela; por tanto, no pudo tener descendencia directa. Sin embargo, los parientes de Venus, una joven esclava, hija de una sirvienta de Hannah Washington, la cuñada de George, afirman que ella tuvo un hijo con Washington, llamado West Ford. Los historiadores son escépticos; aseguran que no hay pruebas documentadas que sugieran tal aseveración. Empero, la actual generación decidió hablar libremente, Linda Bryant es uno de ellas y relata la historia que su madre, Elise Ford, le contó que su abuelo, George Ford, (nieto de West Ford) le había dicho: Cuando West era un niño escuchó que los esclavos hablaban sobre el parecido que tenía con George Washington. Señala además, que la tradición entre los descendientes de West Ford fue mantener la identidad de su padre en secreto, y que están dispuestos a demostrar con pruebas de ADN su progenitura.

Después de haber contraído matrimonio Washington con Martha Dandridge Custis, pasó a ser uno de los más grandes latifundistas de Virginia con un considerable aumento de su patrimonio. La pareja llena de felicidad, llevaba la vida de ricos propietarios, atentos al auge de sus granjas y a la labor destacada que ejercían en la vida social de la comarca. Todo se hacía por lo alto, la ropa se compraba en Londres, las fiestas eran ostentosas y los invitados se contaban por cientos. Pero esta vida fastuosa se vería interrumpida cuando la política autoritaria del rey Jorge III de Inglaterra principió a volverse insoportable en ultramar.

Pues bien, al firmarse en París el tratado que le ponía fin a la «Guerra de los Siete Años» el 10 de febrero de 1762, Francia renuncia a toda pretensión sobre Acadia y Nueva Escocia, igualmente lo hace Inglaterra con las posesiones en Canadá y toda la región de Luisiana, exceptuado Nueva Orleans. En virtud de esta decisión, aumenta la discordancia por cuestiones tributarias entre Londres y sus posesiones, ya que la corona planteaba que las colonias debían ayudar en el pago de los egresos causados por la guerra al haberse favorecidas de sus soluciones. Sin duda alguna, el déficit financiero ocasionado por la disputa era monumental y la única forma de sanearlo era, según Londres, crear nuevos impuestos e incrementar los que ya existían. Fue así cómo la primera nueva medida impositiva colonial de los británicos se llevó a cabo en 1764. Esta disposición se conoció como el «Acta del Azúcar». Mediante ella se colocó aranceles a la madera, alimentos, ron y melaza. Después el parlamento inglés, en marzo de 1765, impuso el uso de papel sellado para todo tipo de contratos. Al año siguiente gravó una serie de reivindicaciones administrativas y económicas que poseían los colonos como los derechos aduaneros sobre el papel, el vidrio, el plomo y el té. Efectivamente, las medidas tomadas originaron la molestia de los americanos, en especial a los comerciantes, que comenzaron a organizarse e hicieron alianzas para no consumir productos británicos. Además objetaban la forma de recaudo de los impuestos, pues los agentes aduaneros de Inglaterra tenían poderes casi ilimitados, podían investigar, incautar sin notificación ni orden judicial y allanar cualquier lugar en busca de bienes importados que estuvieran violando el Acta. Posteriormente, en 1770, los británicos cedieron eliminando todos los aranceles excepto el del té. Sin embargo, el fervor revolucionario era tan fuerte que no pudo detenerse. El resultado fue el derramamiento de sangre. El 5 de Marzo de ese año, la “Masacre de Boston” sucedió, en la cual las tropas anglas dispararon a un grupo matando a cinco personas.

Las presiones continuaron en aumento y se formaron más grupos secretos revolucionarios, entre ellos «Los Hijos de la Libertad». Los ingleses todavía no eliminaban el impuesto al té. El 16 de diciembre de 1773, tres años después de la “Masacre de Boston”, como protesta por los altos impuestos, un grupo de colonialistas disfrazados de indios pieles rojas, abordaron tres barcos mercantes británicos, fondeados en el puerto de Boston, el “Dartsmouth”, el “Eleonor” y el “Beever” y arrojaron al agua 342 bultos de té. A las nueve de la noche todo el cargamento flotaba en las aguas del puerto. Este suceso histórico es conocido como «Boston Tea Party».

Es de gran valor señalar que el acontecimiento de «la fiesta del té de Boston» fue planeado y ejecutado por miembros de la Logia Saint Andrew[5]. Ellos se reunían en una taberna de Boston llamada “Green Dragon”. Claro está que no todos los miembros de la Logia apoyaban el movimiento patriótico; pero los líderes Masones como Paul Revere, John Hancock, Samuel Adams y Joseph Warren trazaron el plan que inició las gestas revolucionarias independentistas que rápidamente se expandió al resto de América en los siguientes 50 años. Casi doce años después llegó la revolución francesa que generó el republicanismo y divulgó los axiomas Masónicos de «Libertad», «Igualdad» y «Fraternidad», cuyo eco atravesó el Atlántico llegando a exaltar, fuerte e irresistiblemente, el espíritu revolucionario en las colonias españolas de América.

Al final, este acto de rebelión causó que el parlamento inglés promulgara sanciones comerciales contra los colonialistas. Los castigos lo que hicieron fue incitar más la rebelión. Pese a su prudencia, tolerancia y conocimiento en asuntos políticos, Washington resolvió enfrentarse sin reservas a la política colonial británica. En 1774 asistió al Primer Congreso Continental en Filadelfia convocado por un grupo de líderes coloniales para protestar contra las acciones británicas y llamar a la desobediencia civil.

En el mes de Marzo de 1775, Patrick Henry pronunció su famoso discurso: «Dame libertad o dame la muerte», en una Convención en Virginia. En menos de un mes desde este discurso, se puso en camino la revolución americana con la “Batalla de Concord”, donde una milicia colonial organizada llamada “En Estado de Alerta” sufrió ocho bajas mientras ocasionaron 273 a los británicos. En Junio de ese mismo año, George Washington asiste al Segundo Congreso Continental en Filadelfia y fue nombrado Comandante en Jefe del nuevo y harapiento ejército continental, creado de la nada y en presencia del enemigo. Al llegar a Boston se encontró con una multitud de sublevados formada por más de quince mil hombres mal armados, los que debió organizar. Como resultado de su experiencia castrense, creó el ejército de Massachusetts, con el cual ocupó Boston y expulsó a los anglosajones del general William Howe de Nueva Inglaterra en 1776. En virtud de que Londres seguía enviando tropas, entonces los americanos proclamaron su independencia el 4 de julio de ese año. La Declaración de Independencia fue redactada por Thomas Jefferson y aprobada el 10 de junio por el Congreso General de Filadelfia, que había promulgado además la unión de las 13 colonias. El nombre de «Estados Unidos de América» de la nueva república fue propuesto por Thomas Paine y fue usado por primera vez en la Declaración de Independencia.

Más tarde George Washington emprendió la difícil travesía del río Delaware, tras la cual venció a los británicos en Princeton y Trenton. Después sufrió algunos reveses, como el de Brandywine, que lo obligaron a refugiarse en Valley Forge y reorganizar el ejército en condiciones precarias durante el invierno de 1777 y 1778, en lo que se considera su mejor acción militar. Igualmente en este último año, el gobierno francés vio en el conflicto la oportunidad de vengar la derrota de la «Guerra de los Siete Años» y, en 1778, firmó una alianza con los Estados Unidos, a la que se sumó al año siguiente Carlos III de España.

El apoyo de los destacamentos franceses fue tan efectivo que en la primavera de 1778, Washington pudo recuperar Filadelfia, sitiar Nueva York y dirigirse al sur para cortar el avance de lord Cornwallis, que iba al frente de once mil hombres, el grueso de las tropas inglesas. El 19 de octubre de 1781 éste se vio obligado a rendirse, luego de caer prisionero con su ejército. Este sometimiento provocó la definitiva victoria de los colonos y el reconocimiento de la independencia por parte de Inglaterra, antes de firmarse la paz en Versalles, el 20 de enero de 1783.

Es conveniente resaltar que al lado de Washington combatieron muchos Francmasones, entre ellos Benjamín Franklin, Alexander Hamilton, Richard Montgomery, Henry Knox, James Madinson y Patrick Henry. Los revolucionarios que también eran Grandes Maestros, incluían a Paul Revere, John Hancock y James Clinton. De acuerdo a un artículo del Coronel La Von P. Linn, titulado: “La Francmasonería y la Defensa Nacional, 1754-1799” existe un estimado de 14.000 oficiales de todos los rangos del Ejército Continental y un quinto (1/5), o sea 2.018 de ellos eran Francmasones. Esto representaba un total de 218 Logias. Un centenar de esos oficiales eran generales. Además, Europa proporcionó a los americanos del norte dos Masones adicionales de importancia. Desde Alemania llegó el Baron von Steuben[6], quien personalmente convirtió las tropas haraposas de Washington en la semblanza de un ejército de batalla. El segundo europeo fue Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, conocido como el Marqués de La Fayette o Lafayette[7] .

Por otra parte, la postura federalista, protectora del establecimiento de un poder central eficiente que preservara los intereses americanos en el exterior y equilibrara las tendencias partidistas de los territorios, supo conciliarse con la de los republicanos, partidarios de conservar la independencia política y económica de los estados. El acuerdo entre ambos grupos fue expresado por la Constitución del 17 de septiembre de 1787, la primera Carta Constitucional escrita que reguló la forma de gobierno de un país. Una vez más, la capacidad de organización y dirigente de Washington hicieron que las esperanzas fueran puestas en él, y el Congreso lo eligió como primer presidente de los Estados Unidos de América del Norte el 30 de abril de 1789.

En 1793 fue reelegido para un segundo mandato; sin embargo, dudó en aceptarlo y Jefferson lo convenció para que lo asumiera nuevamente. En esta segunda fase de gobierno tuvo que enfrentar serias dificultades, como la suscitada en el Oeste por la oposición a los impuestos sobre el aguardiente, que causó en 1794 una sublevación, conocida como Whiskey Rebellion, la cual fue reprimida por las tropas enviadas por orden del presidente. El 25 de junio del mismo año firmó el Tratado Jay, un acuerdo comercial con Inglaterra y al conocerse los términos del convenio, suscitó firmes polémicas en el parlamento; con todo, en 1797 fue reelegido por tercera vez para ocupar el poder, pero en esta oportunidad se negó radicalmente, alegando que quería volver con su familia y a la paz de la vida privada.

Después de retirarse de la presidencia en marzo de 1797, Washington regresó a «Mount Vernon». Se dedicó a la agricultura y, en ese año, construyó una destilería de 2.250 metros cuadrados, que fue uno de las más grandes de la nueva república. Dos años más tarde, produjo 11.000 litros de whisky por un valor de $ 7.500.

En 1798, el presidente John Adams lo nombró teniente general del Ejército de EE. UU. ante el peligro inminente de una guerra con Francia. Al año siguiente regresó nuevamente a «Mount Vernon». El 12 de diciembre de 1799, debió pasar revista a sus plantaciones a caballo en medio de un crudo invierno con nieve, granizo y más tarde lluvia helada. Por la noche se sentó a cenar sin cambiar su ropa mojada. Al amanecer, se despertó con un fuerte resfriado, fiebre y una afección inflamatoria de la faringe denominada angina que se convirtió en laringitis aguda y neumonía.

Washington murió en la noche del 14 de diciembre de 1799, en su casa, en presencia de su familia, del Dr. James Craik, uno de sus amigos más cercanos, y Tobias Lear, su secretario personal.

Médicos modernos piensan que Washington murió como consecuencia de una epiglotitis, o sea, la inflamación del cartílago que cubre la glotis (epiglotis), desde que fue desangrado como parte del tratamiento, una combinación de shock por la pérdida de cinco litros de sangre, así como la asfixia y deshidratación. Sus restos fueron enterrados en Monte Vernon.
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[1] Mackey Gallatin, Albert. ENCICLOPEDIA DE LA FRANCMASONERÍA. Tomo IV. Editorial Grijalbo, S. A. México. Marzo de 1984. P. 1.608.

[2] De acuerdo al antiguo calendario, que en ese entonces regía en las colonias de América del Norte y en Inglaterra, la fecha de nacimiento fue el 11 de febrero de 1731, pero según el nuevo calendario gregoriano, que acababa de ser introducido en septiembre de 1752, le corresponde el 22 de febrero de 1732.

[3] Ha sido costumbre en nuestra Institución que el recipiendario al iniciarse en cualquier país, debe tener la mayoría de edad civil. En esa época, en EE. UU. lo era a los veintiuno y la Constitución y Reglamentos de las Logias así lo contemplan. Por tanto, a George Washington se le debió conceder una dispensa para iniciarlo a los veinte años.

[4] Martha Dandridge nació en la finca de sus padres Chestnut Grove, nuevo condado de Kent, el 2 de junio de 1731. Hija de ingleses emigrantes: John Dandridge, el mayor plantador de Virginia y Frances Jones, descendiente de franceses. A pesar de tener un temperamento acelerado, era dulce y aplacable en su trato y de buenos modales, siempre vestida con escrupuloso respeto a los requisitos de la mejor moda de la época, y fue en todos los aspectos un miembro brillante de los círculos sociales. A los 17 años se casó con Daniel Parke Custis, hijo de uno de los consejeros del rey en Virginia. Tuvieron cuatro hijos: Daniel (1751-1754) y Frances (1753-1757), murieron en la infancia, los otros dos hijos, John (“Jack”) Parke Custis (1754-1781) y Martha (“Patsy”) Parke Custis (1756-1773) sobrevivieron a la edad adulta. “Jack” sirvió como ayudante a Washington durante el sitio de Yorktown en 1781 y murió de tifo, en octubre de ese año, cuando prestaba el servicio militar. Tuvo dos hijos, Martha y Eleonor, a quienes Washington adoptó como propios. “Patsy” murió durante una crisis epiléptica. Martha Dandridge murió en Mount Vernon, Virginia, el 22 de mayo de 1802.

[5] Lennhoff, Eugen. “Los Masones ante la Historia”, Editorial Diana S. A., México, 1983, p. 206.

[6] Von Steuben fue un Francmasón alemán que sirvió en el ejército prusiano como ayuda de campo de Federico el Grande. Fue el encargado en el año 1763 de la desmovilización prusiana después de la «Guerra de los Siete Años».

[7] Lafayette era un noble caballero francés muy rico, que había sido inspirado por las noticias sobre la revolución americana mientras servía al ejército francés en Europa; así que, se embarcó para América a fin de ayudar a la causa revolucionaria. En 1778, durante su servicio con el Ejército Continental, La Fayette se hizo Francmasón.


Referencias Bibliográficas

1. Baigent, Michael y Leigh Richard. MASONES Y TEMPLARIOS –sus vínculos ocultos–. Ediciones Martínez Roca, S. A. Madrid, España. Abril de 2005.

2. Blaschke, Jorge y Río, Santiago. LA VERDADERA HISTORIA DE LOS MASONES. Editorial Planeta, S. A. Primera edición. Barcelona, España. Enero de 2006.

3. Carnicelli, Américo. LA MASONERÍA EN LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA. Tomo I. Cooperativa Nacional de Artes Gráficas Ltda. Bogotá. Agosto 30 de 1970.

4. Estados Unidos. HISTORIA UNIVERSAL COMPARADA. Tomo VI. Editorial Plaza & Janes. Segunda edición. Barcelona, España. Enero 1977.

5. Frau Abrines, Lorenzo. DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE LA MASONERÍA. Tomos III y IV. Editorial del Valle de México, S. A. México. 1976.

6. Gallatin Mackey, Albert. ENCICLOPEDIA DE LA FRANCMASONERÍA. Tomo IV. Editorial Grijalbo, S. A. México. 1981.

7. George Washington. En Internet:
http://www.biografias.es/famosos/george-washington.html

8. George Washington. En Internet:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/washington.htm

9. George Washington. En Internet: http://en.wikipedia.org/wiki/George_Washington

10. George Washington. En Internet: http://www.logiawashington.org.ar/006.htm

11. George Washington. En Internet:
http://pluricellular.blogcindario.com/2009/01/00075-george-washington-1.html

12. Historia de América –VIDA INDEPENDIENTE DE ESTADOS UNIDOS. Enciclopedia Práctica Jackson. Octava edición. Tomo 8. México. Noviembre 1966.

13. Hoenigsberg Racedo, Julio. INFLUENCIA REVOLUCIONARIA DE LA MASONERÍA EN EUROPA Y AMÉRICA. Primera edición. Editorial A. B. C. Bogotá. 1944.

14. Lennhoff, Eugen. LOS MASONES ANTE LA HISTORIA, Editorial Diana S. A., México, 1983.

15. Ridley, Jasper. LOS MASONES. Ediciones B. Argentina S: A. Segunda edición. Buenos Aires. Junio de 2002.
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1 comentario:

OT dijo...

LIBROS HISTORICOS:

http://www.bubok.com/libros/171340/Historia-de-las-sociedades-secretas-antiguas-y-modernas-en-Espana-y-especialmente-de-la-Francmasoneria-Tomo-I

http://www.bubok.com/libros/171337/Historia-de-las-sociedades-secretas-antiguas-y-modernas-en-Espana-y-especialmente-de-la-Francmasoneria-Tomo-II

http://www.bubok.com/libros/171336/La-Francmasoneria-espanola-Ensayo-historicocritico-1894