jueves, 23 de agosto de 2007

Arte y Masonería




Por: Mario Morales Charris 33º
Ven:. Maest:. Resp:. Log:. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp:. Gr:. Log:. del Norte de Colombia

Pres:. Gran Consejo de Cab:. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám:. 30°


Muchos autores coinciden en definir el arte como una expresión de la emoción humana. En efecto, el arte no es otra cosa que una proyección del espíritu que se materializa, es la objetivación de un ideal, la materialización del sentimiento, o bien, si se quiere, la espiritualización de la materia; pero el arte, dice Matteo Marangoni, “es un mundo cerrado a la multitud indiferente y solamente abierto a quien consiga, con amor, conquistarlo”. Y la Masonería no es ajena al arte, al arte de construirnos nosotros mismos simbólicamente, al arte de pulirnos como piedra bruta que somos. En fin, al arte real de la construcción.

Recordemos que las órdenes monásticas y militares, entre ellos los Templarios –de los cuales descendemos y heredamos la simbología– necesitaban imperiosamente construir edificios militares, civiles y religiosos para llevar a cabo con éxito su expansión en Europa o Tierra Santa. La mayoría de las veces debían recurrir a mano de obra ajena a la propia Orden, contratando a gremios de obreros, “Masones”, especialistas en los variados artes de la construcción. La Masonería nace pues como una organización de oficio que cultiva el Arte. No se trataba por lo tanto de simples operarios, sino que dichas sociedades estaban formadas por miembros que practicaban ritos simbólicos e iniciáticos, y se estructuraban jerárquicamente en Logias. Es lo que conocemos como Masonería Operativa.

A partir de los siglos XVI y XVII comenzaron a ser admitidos miembros que no tenían relación con los oficios de la construcción, denominados “aceptados”, cuyo número fue aumentando paulatinamente hasta llegar a ser mayoría en el siglo XVIII. En 1717 se reunieron cuatro Logias inglesas, originando la Gran Logia de Londres, que dio lugar a la Masonería actual, llamada Especulativa.

Lo cierto es que la Masonería Operativa había sido siempre una sociedad secreta que había asimilado desde sus principios simbología de diversos orígenes, incluyendo ritos de carácter pagano y gnóstico, pero mantenía una postura marcadamente cristiana a lo largo de la época medieval. Sin embargo, a través de los miembros “aceptados”, la nueva Masonería Especulativa se orientó a actividades filosóficas y políticas, dejando en parte de lado el oficio de la construcción. Esto significó que aunque la nueva Masonería adoptara las tradiciones de la antecedente, se produjo una profunda descristianización de la organización, llegando incluso a prescindir de la creencia en el G:. A:. D:. U:.

Es esta Masonería filosófica o especulativa la que, para explicar sus orígenes, defiende celosamente su tradición templaria. La tradición interna de la Orden Masónica afirma que Jacobo de Molay, el último maestre de los Templarios, hizo crear poco antes de ser quemado en la hoguera cuatro grandes Logias Masónicas. Estos mismos rituales remontan a Salomón, el monarca israelita, los orígenes del Arte que practicamos. Pero, algunos tratadistas afirman que este llegó a occidente a través de los Caballeros del Templo de Salomón. Es decir, defienden que la Masonería se había configurado en Tierra Santa por obra de las órdenes militares, especialmente la del Temple, fueron estas fraternidades de constructores llegadas a occidente las que habrían originado la Francmasonería moderna. Con ellos habrían traído el arte gótico, cuya propagación el Temple financió.

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