viernes, 10 de agosto de 2007

El Estado Esclavista de China


Por: Mario Morales Charris 33º
Ven.·. Maest.·. Resp.·. Log.·. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp.·. Gr.·. Log.·. del Norte de Colombia

Pres.·. Gran Consejo de Cab.·. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám.·. 30°

Estado de Asia que antiguamente tenía por límite: Al norte el Desierto de Gobi y Mongolia; al sur el Mar de China y las Selvas de Indochina, al este el Mar Amarillo y el Mar de China y al oeste, las montañas del Tíbet y el Turquestán. Hoy limita por el este con Corea del Norte, Mar Amarillo y el Mar de la China Oriental; por el norte con Mongolia; por el nordeste con Rusia; por el noroeste con Afganistán, Kazakstán, Kirguizistan y Tadkjikistán; por el oeste con Pakistán, India, Nepal y Bután; por el suroeste con Myanmar (Birmania), y por el sur con Laos y Vietnam. En el este y sudeste, el mar la separa de la República de Corea, Japón, Filipinas, Brunei, Malasia e Indonesia.

Asimismo se considera como la segunda nación más grande del mundo, tiene una superficie de 11’418.174 km2 (incluida Mongolia). Es superada sólo por Rusia en términos de tamaño y es más grande que toda Europa y Oceanía. Ocupa una cuarta parte de la extensión territorial de Asia y aproximadamente una doceava parte del área de todo el mundo.

Los ríos más importantes que cruzan a la China son: el Huang-He (Río Amarillo) y el Yang-tse-Kiang (Río Azul). Nacen en las montañas del Tíbet y desembocan en el Mar Amarillo. El primero, es de curso muy irregular y su extensión no puede compararse a la del Yang-tse-Kiang, ya que éste tiene 5.000 Km. de longitud y cerca de su desembocadura tiene 500 Km. de navegación, con una anchura de casi 35 Km. Los ríos dividen al país en diferentes regiones y la cultura se ha desarrollado junto a las márgenes de estas vías fluviales. Los climas son muy variables debido a la extensión de la nación. Por consiguiente su agricultura, así como su fauna, son también de una gran diversidad. Es así cómo en esta superficie fértil, favorable a la agricultura y a las labores mineras, se estableció el pueblo chino, correspondiente a la raza mongólica, de pómulos salientes, ojos oblicuos, cabellos negros y lacio, y tez más o menos amarilla.

Como se sabe fue justamente en el norte de China –en la gran llanura del Huang He– donde se hallaron los primeros restos homínidos chinos, los de Lantian –Sinanthropus lantianensis, de aproximadamente unos seiscientos mil años– y los de Pekín –sinanthropus pekinensis, a los que se les calcula una edad de cerca de medio millón de años– los cuales se les considera contemporáneos de las razas más primitivas correspondientes al paleolítico inferior. Igualmente en la zona Gobi aparecen los más antiguos centros protoneolíticos; se sabe además, que el hombre de Pekín vivió en Zhoukoudian, cerca de Beijing, podía caminar erguido, fabricaba y usaba instrumentos sencillos y también empleaba el fuego, era cazador y hacía de piedra sus cuchillos, sus martillos y sus raspadores. Del mismo modo, en diversos lugares se han hallado restos de la era neolítica, de unos 10.000 años de antigüedad. En los yacimientos arqueológicos de Hemudu, en la provincia de Zhejiang (costa oriental) y de Banpo, en Xi'an, capital de la provincia de Shaanxi (noroeste), cuyos orígenes se remontan a unos seis o siete mil años, se han descubierto restos de arroz y de otros granos cultivados, así como aperos agrícolas.

De acuerdo a la tradición histórica el pueblo chino se originó en el valle del Río Amarillo y muchos autores le dan un carácter mitológico-legendario que consignan en sus textos; así por ejemplo, nos hablan de un creador, P'an Ku, al que sucedieron una serie de soberanos celestiales, terrestres y humanos. Ahora bien, las pruebas arqueológicas son escasas, aunque fueron encontrados restos de Homo erectus, cerca de Pekín como ya lo hemos expresado. De la misma manera hay pruebas fehacientes de la existencia de tres culturas con cerámica, la de Yangshao (yacimiento de Banpo descubierto en 1953 – 1955), Qingliangang y Longshan. En el territorio donde se desarrolló esta última nace (probablemente en el s. XVIII a. d. n. e.) la cultura del bronce, cuyos fundadores son considerados por la historiografía como la ascendencia directa de los chinos históricos. De esta forma su larga historia cuenta veintidós dinastías; pero sólo examinaremos sucintamente las cinco primeras en razón de nuestros objetivos específicos que nos hemos trazado para el estudio del Sistema de Producción Esclavista en esa zona, siendo la primera la de los Xia (SS. ¿XXI – XVI? a. d. n. e.), en donde la mayoría de los historiadores coinciden en creer que esta casta es totalmente legendaria o debe situarse en época protohistórica. En todo caso la dinastía Xia tuvo como centro una región situada en lo que hoy es el oeste de la provincia de Henan y el sur de la provincia de Shanxi. Su poderío y su influencia se extendieron hasta las orillas del Huang He y bajo su dominio la sociedad se desarrolló hasta alcanzar el umbral del sistema esclavista. La tradición dice que los Xia sólo desaparecieron cuando fue expulsado su último gobernante debido al poder tiránico que ejerció sobre su pueblo. Sin embargo, no hay restos arqueológicos que confirmen esta leyenda; y la primera dinastía de la cual hay evidencias históricas es la Shang (1600 a. d. n. e. – 1046 a. d. n. e.). Después vino la dinastía Zhou del Oeste (1046 a. d. n. e. – 771 a. d. n. e.), durante la cual se consolidó y desarrolló el modo de producción esclavista.

En cuanto a la dinastía Shang gobernó en el territorio que ocupan las actuales provincias de Henan, Hubei, Shandong y la parte septentrional de Anhui, en el centro y norte de China. La capital, desde alrededor del 1384 a. d. n. e. en delante, estaba situada en Anyang cerca de la frontera norte de Henan. A comienzos de este período tuvieron lugar una serie de cambios socioeconómicos que transformarían profundamente las formas de vida tradicionales. La economía estaba basada en la agricultura; se cultivaba trigo y cebada. También se cuidaban gusanos de seda, y se criaban cerdos, perros, ovejas y bueyes. Se han encontrado recipientes de bronce, armas y otras herramientas, lo cual indica el conocimiento de la metalurgia y la existencia de artesanía. En consecuencia, el desarrollo de la metalurgia logró la propagación de utensilios de cobre y bronce que facilitó los trabajos agrícolas y permitió cultivos avanzados, hasta entonces desconocidos; empezó a cosecharse el arroz, que tiempo después pasaría a ser el alimento básico en sustitución del mijo, propio de la época prehistórica.

En la capital –Anyang, cerca del Huang He, sucesora de la primitiva Shengsheu, más al sur– se empezaron a sentar las bases para una verdadera civilización urbana histórica; por ejemplo, en el s. XVIII a. d. n. e. aparece la escritura, los oficios se desarrollaron rápidamente, se perfeccionaron los trabajos del metal, fabricación de cerámicas a torno y uso de la seda para la confección de tejidos.

Lo anterior condujo a varios hechos importantes: en primer lugar, a un notable desarrollo de las fuerzas productivas y a la desaparición del primitivo régimen de clanes; posteriormente, a la acumulación de riquezas por parte de una minoría privilegiada, y, finalmente, a la aparición de clases sociales –entre ellas los esclavos– que desembocarían en el nacimiento del primer estado chino. El antiguo jefe de tribu se transformó en jefe hereditario, y progresivamente fue adquiriendo mayores poderes, hasta llegar a ser el dueño absoluto de las tierras y de los hombres. Su figura fue divinizada, y se convirtió en el intermediario entre el cielo y los mortales.

La sociedad creada por los Shang era aristocrática. Al frente estaba el rey rodeado de las demás familias dominantes de donde salían los ministros, los altos funcionarios y los jefes militares; además de presidir una nobleza militar, elegía a los gobernantes territoriales, que estaban obligados a ayudarle en sus empresas militares. Entre esta clase aristocrática y los plebeyos había un estrato sacerdotal culto que se ocupaba de los documentos de gobierno y era responsable de la adivinación. Los Shang adoraban a sus antepasados y a una multitud de dioses, el principal de los cuales era conocido como Shang Ti, el Señor en lo Alto. Así pues, se habían sentado los fundamentos del típico «despotismo oriental», característico de las primeras dinastías de China.

El último monarca Shang, un tirano cruel y libertino, fue expulsado por los enérgicos Zhou, procedentes de un estado del oeste, del valle del río Wei. Los Zhou eran étnica y lingüísticamente análogos a los Shang, mantuvieron con estos frecuentes contactos, hasta asimilar su escritura y otros elementos de su civilización. Durante este periodo la civilización china se fue extendiendo gradualmente hacia el norte, ocupando el valle del río Yang-tse-Kiang. La amplia expansión por este territorio y el primitivo estado de las comunicaciones terrestres hicieron imposible que los Zhou ejercieran un control directo sobre toda la región; por lo tanto, delegaron la autoridad en vasallos, cada uno de los cuales gobernaba por lo general sobre una ciudad amurallada y su territorio circundante. Es de anotar que en este momento histórico, se consolidó y desarrolló el sistema esclavista. Tiempo después el país fue víctima de repetidas invasiones hunas –la principal de ellas en el 878 a. d. n .e.– las cuales debilitaron en gran forma a los Zhou.

A partir del s. VIII a. d. n .e. China terminó siendo una federación de estados independientes con sus dinastías hereditarias locales. Sin embargo, Los reyes Zhou fueron capaces de mantener un control efectivo sobre sus dominios hasta que finalmente, en el 770 a. d. n .e., algunos de los estados se rebelaron y junto con invasores nómadas del norte expulsaron a los Zhou de su capital, cerca de la actual Xi´an. Con posterioridad, los Zhou establecieron una nueva capital hacia el este, en Luoyi, un lugar situado no lejos de la actual ciudad de Luoyang, en la provincia de Henan. Aunque ahora estaban más a salvo de los ataques de los bárbaros, los Zhou del este no podían ya ejercer una gran autoridad política o militar sobre los estados vasallos, muchos de los cuales habían crecido hasta ser más poderosos que el poder central Zhou. Con todo, como guardianes del mandato celestial, los Zhou continuaron la práctica de confirmar el derecho de los nuevos señores a gobernar sobre sus tierras y de ahí que hayan permanecido como jefes supremos hasta el siglo III a. d. n .e. En esta época tuvo lugar un rápido crecimiento económico y un profundo cambio social en el marco de una inestabilidad política extrema y un estado de guerra casi incesante. Durante estos años China entró en la edad del hierro; el arado de hierro tirado por bueyes, junto con más perfeccionadas técnicas de regadío, llevaron a conseguir mejores cosechas, que a su vez, mantuvieron el constante crecimiento demográfico, el cual estuvo acompañado por la aparición de una nueva clase de mercaderes y comerciantes. Se mejoraron las comunicaciones por el progresivo uso del caballo como animal de transporte.

En todo caso la integración económica permitió a los gobernantes ejercer el control sobre mayores extensiones de territorio. Los estados situados en las fronteras exteriores de la zona cultural china se expandieron a costa de sus vecinos no chinos, menos avanzados, y al expandirse se estimuló y diversificó su propia cultura al adquirirse elementos culturales de las civilizaciones exteriores.

Es valioso observar además, que durante la dinastía Zhou del Este, se distinguen dos épocas: la de Primavera y Otoño (770 a. d. n. e. – 476 a. d. n .e.) y la de los Reinos Combatientes (475 a. d. n .e. – 221 a. d. n .e.), período este en que se construyó la famosa obra hidráulica de Dujiangyan en las cercanías de la actual ciudad suroccidental de Chengdu, y ha venido desempeñando durante más de dos mil años, un papel importante en el regadío, desviación de inundaciones y la evacuación de arenas. Igualmente podemos afirmar que ambos períodos son considerados como una etapa de transición de la sociedad esclavista a la feudal.

En esta fase de crecimiento económico y de desarrollo social, destacamos también el uso de cuchillos, elementos muy codiciados por su doble propósito como arma y como herramienta o utensilio. Por ese motivo, eran muy usados como objetos de trueque. Se comenzó entonces a construir cuchillos de dimensiones más reducidas para emplearlos como elementos simbólicos para comerciar. Estas primeras «monedas» en forma de cuchillo eran de cobre o de una aleación de bronce. Las palas y las telas también tenían las mismas características de los cuchillos, y eran objetos de fácil intercambio. Las reproducciones de telas y palas más pequeñas para utilizarlas en las transacciones, fueron en consecuencia el próximo paso. Las telas tenían la forma de camisas.

Existieron dos denominaciones: para los cuchillos, «TAO»; para las camisas «PU».

En cuanto a los hallazgos estudiados, existen dos criterios, unos estudiosos creen que los «TAO», son más antiguos, y superan los 700 años a. d. n .e. de existencia; otros no le atribuyen más de 300 años a. d. n .e.

Como los cuchillos verdaderos se llevaban colgados del cinturón, o de la muñeca, estos tenían un agujero, por los que se les pasaba una correa. Por consiguiente, cuando se usaban para «monedas», también se conservó esta forma, lo que servía para agruparlos cuando se necesitaban varios para hacer un pago grande. Con el tiempo, el tamaño de la hoja disminuyó paulatinamente, hasta quedar solo el mango, con el agujero cuadrado.

Por otra parte es interesante conocer que durante el Período de Primavera y Otoño y el de los Reinos Combatientes, hubo una gran prosperidad académica sin precedentes en el terreno ideológico. Las personalidades representativas de cada escuela doctrinal exteriorizaban libremente sus criterios publicando obras para discutir la política y analizar la sociedad, y de esa manera apareció la situación de “que competían cien escuelas del pensamiento”. Lao Zi, Confucio, Mencio y Sun Wu fueron representantes de ese período. Precisamente en tiempos de Confucio, aparece una moneda llamada «CASH» (551 a. d. n. e. – 479 a. d. n. e.), la que circulaba en la época de la construcción de la «Gran Muralla», en el siglo III a. d. n. e. Una vez definida la forma redonda con el agujero cuadrado, siguió circulando hasta principios del s. XIX.

El Período de los Estados Combatientes, último etapa del esclavismo, se caracterizó además por la existencia de numerosos reinos independientes que luchaban unos contra otros por conquistar la hegemonía. Gracias a las reformas de la agricultura y el ejército, Qin, situado en el noroeste, no tardó en imponerse a los demás. En el 247 a. d. n .e., Ying Zheng, a la sazón un muchacho de 13 años, fue coronado rey de Qin. Pasados nueve años, destituló al ministro de regencia Lü Buwei y emprendió su ambicioso plan de conquistar los otros seis reinos y unificar China.

Entre los años 230 y 221 a. d. n .e., Ying Zheng sometió uno tras otro los reinos de Han, de Zhao, de Wei, de Yan, de Chu y de Qi. Con ello logró no solo unificar el país, sino también fundar la primera dinastía unificada con poder centralizado y pasar a la historia como el primer emperador de China. De ahí que se autodenominara «Primer Emperador».

Antes de la unificación llevada a cabo por Ying Zheng, cada reino tenía su propio sistema de escritura. A pesar de su origen común, diferían en los detalles, circunstancia que en cierta medida obstaculizaba los intercambios culturales. El gobierno Qin impuso en todo el país la utilización del estilo zhuanshu como sistema estándar de escritura, sentando así la base para la ulterior evolución de los caracteres chinos y facilitando con ello la difusión de la cultura china.

La dinastía Qin unificó también las unidades de peso y de medida, la moneda y las leyes, todo lo cual favoreció el desarrollo socioeconómico del imperio.

Tomó medidas para garantizar la propiedad privada de la tierra y ordenó varias grandes obras transportistas, como calles y canales. Al mismo tiempo, mandó unir y reparar las murallas construidas por los reinos del norte con el fin de defenderse de las invasiones de los pueblos nómadas, naciendo así lo que con el tiempo sería conocido en todo el mundo como la «Gran Muralla de China» de unos 5.000 Km. de largo.

Reclutó a más de 700 000 obreros e invirtió cuantiosos recursos para construir su mausoleo en Lishan, donde fue enterrado junto con todo un ejército: el formado por los «Célebres Guerreros y Corceles de Terracota», desenterrados en su tumba, constituyen un importante hallazgo arqueológico conocida como la «Octava Maravilla del Mundo».

Resuelto a inculcar en el pueblo sus principios ideológicos, en el 213 a. d. n .e. el «Primer Emperador» ordenó quemar todas las obras historiográficas y filosóficas de otros reinos, así como ejecutar a todo aquel que se atreviera a preservarlas o divulgarlas. Tras ser engañado por unos alquimistas que le habían prometido elixires inmortales, Ying Zheng ordenó enterrar vivos en la capital a más 400 intelectuales involucrados en el caso.

En conclusión, la unificación llevada a cabo por Ying Zheng acabó con un largo periodo de disgregación y significó el establecimiento de un poderoso imperio plurinacional, abriéndose así un nuevo capítulo en la historia de China.

Referencias Bibliográficas

2. Diccionario Enciclopédico Lexis 22. Círculo de Lectores. Tomo Nº 6. Barcelona, 1976.

3. Gobierno e Historia de China. En Internet:
http://destinia.com/guide/el-mundo/asia/china/1-30002-30055/16/es

4. Historia de China. En Internet: http://www.chicit.cl/histo.htm

5. Historia Universal Comparada. Hans H. Hofstätter y otros. Tomo I. Editorial Plaza & Janes S. A. Barcelona. España. 1977.

6. Historia Universal Planeta. Editorial Planeta, S. A. Tomo II. Barcelona. España. 1977.

7. La transición: del trueque a las monedas en China. Pedraza, Héctor Raúl. En Internet:
http://www.mailxmail.com/curso/vida/lamoneda/capitulo1.htm

8. Tiempos antiguos de la historia china. En Internet:

9. Última etapa del Esclavismo en China. En Internet:
http://espanol.chinabroadcast.cn/chinaabc/chapter17/chapter170101.htm