lunes, 20 de agosto de 2007

Humanismo Masónico


Por: Mario Morales Charris 33º
Ven:. Maest:. Resp:. Log:. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp:. Gr:. Log:. del Norte de Colombia

Pres:. Gran Consejo de Cab:. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám:. 30°


La Masonería es, como sabemos, una institución filosófica, filantrópica y progresista cuyo máximo objetivo es estimular el perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano buscando obtener la fraternidad universal; o más sencillamente, es una escuela formativa de hombres y mujeres.

Es filosófica porque orienta al hombre hacia la investigación racional de las leyes de la naturaleza, invita al esfuerzo del pensamiento que va desde la simbólica representación geométrica hacia la abstracción metafísica, busca en la reflexión filosófica la penetración del sentido espiritual del movimiento de la historia, contempla en cada tiempo histórico las nuevas inspiraciones doctrinarias y asimila de cada sistema filosófico lo que pueda significar de aporte al patrimonio de la verdad abstracta, más allá del tiempo y del espacio.

Es filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase. Sus esfuerzos y recursos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, raza, sexo ni religión, para lo cual tiende a la elevación de los espíritus y a la tranquilidad de las conciencias.

Y es progresista porque enseña y practica la solidaridad humana y la absoluta libertad de pensamiento. La Masonería tiene por objeto la búsqueda de la verdad desechando el fanatismo, abordando sin prejuicios todos los nuevos aportes de la invención humana, estudia la moral universal y cultiva la ciencia y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la verdad.

La Masonería no tiene dogmas, tiene principios e ideales, cultiva virtudes, pero siempre con la máxima amplitud de criterios. El dogma, como verdad revelada o principio innegable, está en las antípodas de la Masonería que no reconoce otro límite que la razón para acceder al conocimiento.

Sus principios son Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Libertad de la persona humana y de los grupos humanos, ya sean instituciones, razas o naciones y en todos sus aspectos, es decir, libertad de pensamiento y libertad de movimiento.

Igualdad de derechos y obligaciones de los individuos y grupos humanos sin distinción de religión, raza, sexo o nacionalidad.

Fraternidad entre todos los hombres y entre todos los pueblos y naciones, porque todos los seres humanos nacen libres e iguales en derechos y en dignidades.

La Masonería, institución esencialmente humana, trabaja sin tregua por el logro de sus fines, buscando una más armónica estructuración de la vida sobre bases de amor y de justicia social.

Procura por todos los medios lícitos a su alcance, dignificar al hombre capacitándolo, por un desarrollo superior de la conciencia, para el mejor y más amplio uso de los derechos y libertades.

La ética que practicamos los Masones la soportamos en los principios de laicidad, humanismo, libertad y tolerancia, entre otros. Tema que tratamos en la Plancha Masónica Nº 10, y en donde en uno de los apartes de nuestro ensayo decíamos que el Humanismo fue la primera tentativa coherente de elaborar, mediante el ejercicio de la razón, una concepción del mundo cuyo centro fuera el hombre y la mujer. El Humanismo puede ser considerado como el origen de todo el pensamiento moderno, porque con él, el ser humano no queda sujeto a ningún límite para explorar su propio pensamiento.

El Humanismo fue un movimiento intelectual que germinó durante el siglo XIV, en las postrimerías de la baja Edad Media, y que se manifestó plenamente, en el siglo siguiente, en el Renacimiento. El término fue utilizado por primera vez, en 1808 por un educador bávaro, relacionándose con la tendencia a estudiar las lenguas y autores clásicos, en tanto que el vocablo Humanista, se remonta al Renacimiento y designa, un estilo filosófico que se relaciona con escritores como Erasmo, Montaigne, y Nicolás de Cusa, entre otros.

Es importante anotar que, con el Humanismo se rompieron las tradiciones escolásticas medievales y comenzó a darse un sentido racional y creador a la vida.

Igualmente podemos afirmar que el Humanismo no apareció de una forma brusca. Sus orígenes son complejos. La cronología de su nacimiento parece imprecisa. Por ello su herencia es relativa a la Edad Media. Reivindica la capacidad del ser humano para pensar por sí mismo, sin trabas ni tutelas, y para perseguir fines transcendentes.

El Renacimiento no consistió sólo en un mero resurgir erudito de la literatura o de la filosofía grecorromana o en una vulgar imitación de las formas artísticas de la antigüedad. Asociado historiográficamente a ese concepto aparece aquel otro, el Humanismo, que completa la idea inicial de que nos hallamos en una época nueva y, en consecuencia, distinta de aquella, la antigua, que se tomaba como modelo. Justamente fue la renovación de la cultura el aspecto más notoriamente destacado por sus propios protagonistas, aquellos que hablaron por primera vez de Renacimiento.

El escritor y filósofo Francmasón, Fernando Savater, en su obra “Humanismo impenitente” dice que “El humanismo estriba en la convicción de que el hombre es el inventor y garante de los valores; de que el individuo es el sujeto de la opción moral, basada en la libertad e inspirada por la razón. El humanismo sostiene que los hombres no tienen la obligación de cumplir los designios de los dioses ni son el simple juguete de la necesidad natural o histórica: deben concederse unos a otros su dignidad propia y buscar con armonía, pero también con audacia, la felicidad terrenal. Brotadas en el Renacimiento y acrisoladas en la ilustración, estas ideas han tropezado con el descrédito en el decurso de nuestro siglo. Se las considera fruto del idealismo racionalista burgués y se anuncia la buena nueva del final del sujeto y del advenimiento de los automatismos impersonales del inconsciente, etc...”
El objetivo básico del Humanismo es el hombre, la mujer y la significación de la vida. En función de los seres humanos y de la vida, deben plantearse todas las cuestiones cosmológicas. El empleo de la razón y la nueva visión del mundo introducida por el Humanismo perviven y se desarrollan hoy más que nunca.

La posición masónica y laica en lo ético es sustancialmente humanista y se sustenta en algunas bases o ideas matrices de donde se deriva un código, no explícito, en el cual quienes asumen tal posición pueden encontrar guías, vías, insinuaciones para sus conductas morales concretas como la .concepción antropocéntrica, que considera al ser humano individual más valioso que la tierra en que vive y más valioso que todas sus creaciones. Estas carecerían de sentido sin él y valen sólo con referencia a él. El ser humano es más valioso que los Estados y los gobiernos a través de los cuales se organiza, más valioso que las costumbres y las instituciones, más valioso que la ciencia, la tecnología, el arte, más valioso que las filosofías, las doctrinas políticas y los sistemas de pensamiento, más valioso que el poder, la fama o la gloria. Los hombres no son bestias de carga, ni esclavos, ni siervos, ni piezas sacrificables de una gran máquina política, estatal o religiosa. Los hombres no son carne de cañón, ni mercancía que se pueda comprar o vender al precio del mercado, ni medio para servir fines ajenos que puedan manipularse a voluntad por los recursos de la propaganda o bajo el imperio de la fuerza, la amenaza, el miedo o las promesas de ulteriores y desconocidas recompensas.

A excepción de las condiciones que lo hacen libre y de las grandes ideas y esperanzas que le confieren su dignidad y nobleza, y por las cuales debe estar dispuesto a morir en caso necesario, el ser humano es lo más valioso que hay sobre la tierra.

Por consecuencia de su posición antropocéntrica la ética que practicamos los masones es humanista; al poner al hombre como centro de sus preocupaciones estima que éste puede llegar a ser feliz en la tierra y que tiene el derecho y la real posibilidad de la mayor felicidad. Este Humanismo está impregnado de una visión científica del acontecer natural y social y más que una simple visión, es una postura activa en favor de poner el progreso científico y técnico al servicio del hombre y no a la inversa.

El hombre es un creador y su creación debe estar puesta a su servicio. Todas las ideas son fruto del potencial intelectual del cual está dotado, tanto las que descubren el mundo concreto de lo natural y social, como también las ideas que avanzan hacia zonas metafísicas en procura de respuestas que la ciencia aún no es capaz de proporcionar —aunque llegará el día en que será posible darlas— tanto como ahora es factible establecer el génesis del universo, de la vida y del propio hombre.

En el pasado hubo muchos interrogantes ante fenómenos desconocidos e inexplicables en su causalidad y, ante la impotencia de ese momento para encontrar la respuesta, se atribuyó a entes superiores a lo natural, dotados de facultades superiores a las humanas y que supeditaban el propio destino de la especie. Mas, poco a poco, los misterios fueron cayendo y la ciencia se demostró como herramienta formidable para disipar dudas y descubrir leyes que han permitido al hombre mejorar su vida y ampliar su dominio sobre lo natural y lo social.

El hombre mismo es el producto del decurso de millones de años de evolución, no es un producto final, es un ser inacabado y perfectible. La ruta que siga hacia otros estadios depende de su propio hacer y quehacer, de sus ocupaciones y preocupaciones. Debe estimarse amo y no servidor, debe servirse de aquello que genera y no convertirse en servidor y esclavo de sus propias creaciones. Por tanto, la principal preocupación de la Masonería ha sido siempre el ser humano. Éste lo encontramos en todos sus rituales, no como una realidad estática, sino como un proceso dinámico no terminado, que se va construyendo a sí mismo desde la cuna al sepulcro. El ritual de Primer Grado lo dice: “La humana sociedad con todo el terrible cortejo de pasiones, odios, celos, traiciones, guerras y calamidades de toda clase a que dan nacimiento los mezquinos impulsos del interés y del egoísmo, contra los cuales ha de luchar sin tregua el hombre virtuoso”.

Contrariamente a otros Humanismos, destinados a conquistas y promesas ulteriores en el “más allá”, la Masonería sabe que hay nuevos desafíos que perturban al hombre y a la mujer en su irrenunciable tarea de vivir aquí, en la tierra, con aspiraciones legítimas de bienestar.

Muchas corrientes filosóficas y políticas se titulan Humanistas. Pero el Humanismo Masónico es de compromiso y de trabajo con fuerzas progresistas, de comprometerse a ser sin desligarse del valor moral, y de comprender y enseñar. El Humanismo Masónico es elegir y, aún, mucho más, es un instrumento heurístico, de creación, de primera magnitud en la filosofía de la sociedad actual, capaz de conducir, a través de la doctrina y del rito, por caminos de superación espiritual y de aporte a la sociedad en que se vive. El Humanismo Masónico, gira en torno a los conceptos del ser humano, razón, libertad, autonomía, independencia, ética.

En general, el Humanismo Masónico invita a ser mejores, pero, también, a levantar la voz en contra de todas las injusticias, como lo hicieron en su tiempo aquellos notables y valerosos patriotas americanos. La Masonería anhela y lucha porque el hombre y la mujer vivan en paz y con dignidad en una democracia que no sea torpe ni ciega, en una democracia capaz de exaltar y garantizar sus derechos inalienables. La Masonería es la gran aliada del ser humano, es la maestra ética y solidaria que quiere iluminar al hombre, a la mujer y a la sociedad para que cumplan aquí, sus utopías y sueños originales de paz y bienestar.

..¡Así sea…!