miércoles, 22 de agosto de 2007

La Música Masónica de Wolfgang Amadeus Mozart.



Por: Mario Morales Charris 33º
Ven:. Maest:. Resp:. Log:. Lealtad No. 7
Ex Gran Maestro de la Muy Resp:. Gr:. Log:. del Norte de Colombia
Pres:. Gran Consejo de Cab:. Kadosch «Lealtad Nº 3», Cám:. 30°


..¡Qué difícil es hablar de la Música Masónica del Q:. H:. Mozart..! Es que hablar de este gran genio prodigioso de la polifonía clásica es platicar de arte, de estética, de sonidos y símbolos, de entonación, de resonancia, de ritmos y movimientos, de tonalidad, etc. Es meterse en el mundo de la melodía y la armonía, el de los acordes y la modulación, en fin, es departir de las artes fonéticas que hablan al espíritu por medio del oído, sus obras se deslizan en el tiempo, su principio es la sucesión, son artes más espirituales y subjetivas, en ellas la belleza parece interior, son: la música, arte que crea la belleza por medio del sonido, y la literatura, que la crea en virtud de la palabra en poesía o en prosa. En la antigüedad, Platón consideró el arte como un idioma que todos los hombres pueden entender. Para Hegel, el arte es la conjunción del espíritu y la forma, de lo finito en lo infinito, de lo real y lo ideal, de lo subjetivo y lo objetivo. León Tolstoi considera que evocar un sentimiento experimentado y luego por medio de líneas, colores, movimientos, sonidos o palabras transmitirlo a los demás, constituye el arte.

Podríamos continuar citando definiciones de artes –que no es nuestro propósito– pero la mayor parte de ellas coinciden –como lo señalamos en el editorial de la revista Plancha Masónica Nº 16– en que es una expresión de la emoción humana. En efecto, el arte no es otra cosa que una proyección del espíritu que se materializa, es la objetivación de un ideal, la materialización del sentimiento, o bien, si se quiere, la espiritualización de la materia. Y este paradigma del arte que crea la belleza a través del sonido es algo filogenético de Mozart, heredado de su padre, quien también se distinguió como un excelente músico. Al mismo tiempo fue algo ontogénico por el entorno musical en que se levantó a partir de su niñez.

El Q:. H:. Mozart desde muy niño asimiló el origen sistemático del sentimiento puro y su manifestación a través de la estética del arte musical. Entendió que su objetivo era reflexionar sobre los asuntos estéticos de este arte. Ayudó, con sus obras musicales, a satisfacer las necesidades espirituales del hombre, fortaleciendo de esta manera la cultura. Para él la música no es más que el arte de producir y combinar sonidos acordes de todos los elementos de creación sonora como instrumentos, ritmos, sonoridades, timbres, tonos, melodías, armonías, etc. En otras palabras, aprendió el arte de producir y de combinar los sonidos de una forma tan agradable al oído, que sus modulaciones conmueven el alma.

Es de anotar que en las continuas civilizaciones, la música adquiere una labor trascendental en todos y cada uno de los actos importantes, social o personal, donde realiza una tarea mediadora entre el intelecto y lo espiritual. Por esta razón cobra especial significación en las ceremonias ritualistas, además de su capacidad de promover emociones. La música representa el equilibrio y orden, es un lenguaje universal.

En la Masonería, la música encarna una de las siete artes liberales, simboliza la armonía del mundo, especialmente la que debe existir entre nosotros los Masones. A través de la belleza de los sonidos y de la armonía de los ritmos llegamos a la sabiduría del silencio. Por tanto, la música es el arte de organizar los sonidos. Todo arte consiste en ordenar un material de acuerdo con las «leyes» y un objetivo. Luego la música es, en ella misma y por esencia, una Masonería, una construcción de carácter iniciático. Pues, los elementos que la componen no son los sonidos ni piedras brutas, sino las notas, piedras talladas.

Antes del siglo XVIII, en las Logias se empleaban voces. Después empezaron a introducirse instrumentos de cuerda, trompetas y tambores. Más tarde, a finales del reinado de Luis XV –rey de Francia y adversario de nuestra Institución– se conoce con la designación de «Columna de la Armonía» para referirse al conjunto de instrumentos que sonaban en las ceremonias, el cual no podían pasar de siete instrumentos: dos clarinetes, dos cuernos, dos fogots y un tambor. Esto trajo como resultado que las Logias compitieran por contar en sus Columnas con los mejores instrumentistas. Lo que a su vez conllevó a que se admitiesen en las mismas, músicos para que prestaran sus servicios. Para ello los eximían de cotización y componían obras para las diferentes Ceremonias Masónicas.

La música en la Logia está representada por la «Columna de la Armonía» que es el conjunto instrumental o reproductor musical destinado a la ejecución de la Música Masónica en el curso de las ceremonias, sobre todo las solemnes. Tiene como misión aportar un complemento al ritual, dándole un tono más protocolario y majestuoso. Por tal motivo podríamos afirmar que es una música funcional, cuyo alcance no depende en primer lugar de su valor intrínseco, sino de la adecuación al destino que le asignemos.

Lo cierto es que a través de la historia son muchos los músicos clásicos de gran reputación que se han iniciado en nuestros augustos misterios y numerosas las obras que le han dedicado a nuestra Ord:., sólo citemos unos cuantos: Johan Christian Bach –hijo de Johan Sebastian– Franz Joseph Haydn, Felix Mendelson, Hector Berilos y Franz Liszt, entre otros. Con todo, nos atrevemos a señalar que sus aportes musicales dedicados a la Francmasonería no alcanzan a superar nunca, tanto en calidad como en cantidad, a los de ese gran genio de la música clásica como lo fue Mozart. Su precoz madurez del arte musical aventaja en mucho el modelo convencional de incontables obras de sus contemporáneos por la libertad suprema en la manera de tratar los elementos temáticos, de una homogeneidad perfecta en la que rompió algunos paradigmas en esa materia. Supo brillar por sí mismo en todos y cada uno de los géneros musicales.

Mozart nació en Salzburgo, Austria, el 27 de enero de 1756. Fue bautizado con los nombres de Johannes Chrysostomus Wofgangus Theophilus. El último de siete hermanos, de los que sólo dos llegarían a la adolescencia. Fueron sus padres Leopold Mozart[1] y Anna María Pertln[2].

Wolfgang manifestó desde muy pequeño una sensibilidad auditiva poco común. A partir de los cuatro años recibió de su padre las primeras clases de clave y a los seis ya compuso cortos fragmentos para este instrumento. A esta edad su padre le llevó, junto con su hermana Maria Anna –llamada “Nannerl”– a Munich, donde ambos tocaron el clave en presencia del príncipe elector de Baviera. Luego actuaron numerosas veces en Viena, en los palacios y casas de la nobleza y llegaron a tocar dos veces en el palacio de Schönbrunn ante la emperatriz María Tereza. Desde el primer momento, los hermanos Mozart fueron acogidos con entusiasmo en los salones y teatros de Viena, Munich, París y Londres. Uno de los que tomó más interés por ellos fue el barón Melchior Von Grimm. Este intelectual y poeta alemán, establecido en París, librepensador, identificado con los ideales del Iluminismo, amigo de Diderot, Rousseau, Voltaire y demás enciclopedistas, introdujo a la familia Mozart en la alta sociedad parisina. Tanto es así, que el éxito en el seno de la nobleza francesa les abrió las puertas de la corte de Versalles, donde tocaron varias veces ante Luis XV. La fama los llevó a Londres y en el palacio real de Buckingham les ofrecieron sus obras al rey Jorge III y su esposa Sophie Charlotte, quienes eran muy aficionados a la música.

La gloria de Mozart llegó hasta el Vaticano en donde el cardenal Pallavicini le impuso, en el palacio Quirinal, las insignias: cruz de oro macizo con banda roja, daga y espuela. El papa Clemente XIV le atendió en audiencia privada el 7 de julio de 1770, y le concedió el nombramiento de “Caballero de la Espuela de Oro”, que le daba derecho a ciertos privilegios y que Mozart nunca hizo uso a tales prerrogativas papales.

La música orquestal de Mozart, especialmente sus sinfonías[3] y conciertos[4], significa la madurez definitiva de un largo proceso iniciado por los músicos italianos, alemanes y franceses, que aprendió en sus viajes de infancia. Creó un estilo más que vienés, inconfundiblemente mozartiano. No ocurrió así en las sinfonías de Haydan, con el que hizo amistad en Londres, quien compuso más de cien, mientras que Mozart escribió menos de la mitad y Beethoven sólo nueve, Schumann y Brahms no compusieron más que cuatro y ningún otro gran compositor superó con mucho esa cifra.

El 4 de agosto de 1782, Mozart, contrajo matrimonio en la catedral de San Esteban de Viena, con Konstanze Weber[5]. Tuvieron seis hijos, de los cuales sólo dos llegaron a la adolescencia: Kart Thomas (1784 – 1858) y Franz Xaver Wolfgang (1791 – 1844). Sólo el menor heredó la vocación por la música.

El 5 de diciembre de 1784 Mozart hace solicitud de admisión en la Logia Masónica vienesa “Zur Wohltätigkeit” (“La Esperanza Coronada”) donde estableció una sincera y fraternal amistad con el Q:. H:. Emmanuel Schikaneder, famoso poeta y literato alemán, autor de varios escritos y cantos Masónicos, quien más tarde le facilitara el libreto de la «Flauta Mágica». El 14 del mismo mes, Mozart es iniciado en nuestros augustos misterios. Con este motivo se interpretó en la Logia su cantata[6] «A ti creador del Universo, ¡OH! Sol» (K[7]. 429) en la que el aria[8] del tenor es un himno al sol y a la luz. Esta cantata, además, fue adaptada a la celebración de la gran fiesta Masónica de San Juan del verano –más conocida como solsticio de verano– día en que finaliza el año Masónico. Asimismo, fue adaptada a la Ceremonia de Iniciación del primer grado Masónico en el momento, cuando el recipiendario, después de haber pasado por las pruebas simbólicas, recibe la luz. Al año siguiente convenció a su padre, ya con 66 años de edad, para que ingresara a la Orden, lo cual lo hizo el 1 de abril de 1785.

Este genio de la música dejó un legado de más de seiscientas obras en todos los géneros, destacándose en cada uno de ellos, dentro de las cuales sobresalen las dedicadas a la Masonería. Agradecido y apasionado por su Logia, compuso para ella los más notables cantos, en los que no se limitó a expresar de una manera sencilla y bella el sentido de las palabras, sino que dio a las notas todo el calor de su fantasía, todas las nobles y levantadas aspiraciones de un alma conmovida por lo bueno y lo bello y ardiendo de amor por la humanidad. Con motivo de la ceremonia del paso de su padre al grado de Compañero, puso música a un poema de Joseph Von Ratschky, «Lied Zur Gesellenreise» («El viaje del compañero») (K. 468) canto para una sola voz y acompañamiento de piano.

Unos meses antes de ser exaltado al grado de Maestro, asistió –el 11 de febrero de 1785, a la Logia vienesa «La Verdadera Concordia»– a la iniciación de Franz Joseph Haydn, con quien le unía una gran amistad. Por tal motivo le dedicó «Los Seis Cuartetos de Cuerda» (K 168 – K173) formados por seis piezas de un conocimiento y finura tan asombrosos y una ponderación seria y temática tan incondicional que evidencian absolutamente el homenaje y los juicios casi exagerados del segundo hacia el primero. Lo cierto es que tal maestría de mucho tiempo atrás –por lo menos del ciclo de los cuartetos vieneses– se apoyaba fundamentalmente en el ideal que Haydn esbozara en sus Opus[9] 9, 17 y 20 (los «Sonnenquartett») entre 1769 y 1772. El juego de influencias recíprocas entre ambos compositores alcanzó su punto culminante en este género.

Poco antes de la doble investidura que Mozart y su padre recibieron el 2 de abril de 1785 como Maestros Masones, en la Logia Masónica vienesa “Zur Wohltätigkeit” (“La Esperanza Coronada”), compuso para esta Logia dos de sus más importantes obras orquestales Masónicas: «Die Maurerfreude Brüder» («La Alegría Masónica», K 471) y «Maurerische Trauermusik» («Música para Funeral Masónico», K 477). La primera es una cantata escrita en mi bemol mayor para tenor, coro de hombres y orquesta, en la que se pone de manifiesto con que entusiasmo y convicción abordó Mozart su nueva situación de iniciado. La hizo en abril de 1785 en honor a Ignaz Von Born, Gran Maestro de la Gran Logia. Y la segunda, también es una cantata escrita para los servicios de recordación y conmemoración de la muerte de los Hermanos Masones Duke George August de Mecklenburg-Strelitz y Count Franz Veith Edler von Galantha, en Noviembre de 1785, e interpretada en la Logia del dolor.

En 1785, con motivo de una reorganización de las Logias vienesas ordenada por el emperador José II, Mosart compuso para su Logia dos cantatas Masónicas: «Zerfliesset heut, geliebte Brüder» («Para la apertura de la Logia», K 483) y «Ihr unsre neuen Leiter» («Para la clausura de la Logia», K 484). Son canciones de bella y muy alemana línea melódica, que tienen el carácter de un himno y nos aproxima al mundo futuro de La Flauta Mágica, la ópera[10] Masónica por excelencia, estrenada el 30 de septiembre de 1791 en el Theater auf der Hieden de Viena.

Nos encontramos todavía con cuatro obras de Mozart ligadas a la Masonería, donde hallamos a un Mozart comprometido con la libertad y con los ideales de la Revolución Francesa, especialmente en «Eine kleine deutsche Kantate, Die ihr des unermesslichen Weltalls» («Vosotros los que honráis al Creador del Universo», K 619). Esta pequeña cantata alemana la concluyó en julio de 1791, para voz con acompañamiento de piano, que es en resumen, un dilatado y rapsódico lied[11] de bella y serena factura, acorde con el espíritu de equilibrio y armonía que se desprende del texto, lleno de alusiones a la supremacía de la razón y de profesiones de la fe pacifistas, dirigido, más que todo, a la juventud alemana en el momento en que hacía una pausa durante la composición de la Ópera de la Fraternidad Universal: «Die Zauberflöte» («La Flauta Mágica» K 620), considerada por los grandes tratadistas del arte musical como la obra cumbre de Mozart o el testamento musical e ideológico de su autor. Por eso el insigne poeta, dramaturgo, filósofo, humanista y Francmasón, Q:. H:. Johann Wolfgang Von Goethe le da gran trascendencia histórica a la obra, debido enteramente al genio de Mozart, cuando dice:

«Se necesita más cultura y preparación para reconocer el valor de esta partitura que para negarlo. Aunque la masa de los espectadores sólo goce con el espectáculo en sí, a los iniciados no les pasará por alto el sentido profundo de la obra. Esto ocurre con La Flauta Mágica»

En efecto, sólo Mozart –que logró una increíble fusión de elementos heterogéneos en una forma unitaria al servicio de una idea dramática– es el artífice de la significación superior de esta composición, que supera la ingenua pero certera imaginación del libreto de Schikaneder, así como los símbolos Masónicos a los que la naturalidad y pureza de música despoja de su seco trasfondo ideológico para que prevalezca la idea de la ascensión a la serenidad por medio de un amor purificado. Igualmente podemos señalar que su lenguaje literario es sencillo y la anécdota –independientemente de los simbolismos Masónicos, que están presentes en la obra en todo momento– es clara y lineal, fácil de comprender, sobre todo para los que tienen el grado de Maestro la degustarían mucho más. La ópera fue estrenada el 30 de septiembre de 1791, en el Theater auf der Hieden, teatro de un suburbio de Viena, ante un público llano y sencillo que, pese a ello, captó rápidamente el mensaje servido por medio de un montaje algo tosco y colorista a cargo del hábil Schikaneder. Hoy, doscientos catorce años después de haberse estrenado la magna obra de Mozart, es considerada como el HIMNO DE LA MASONERÍA.

Las otras dos composiciones estrictamente Masónicas a las que Mozart puso música fueron una pequeña cantata Masónica «Laut verkündet unsre Freud» («Elogio de la Amistad», K 623), última obra que inscribió Mozart en su catálogo personal, el 15 de noviembre de 1791 y estrenada en su Logia el 18 del mismo mes. Muestra en general un espíritu jubiloso y brillante. El lied Masónico «Lasst uns mit» («Enlacemos nuestras manos», K 623ª), subsidiario de la cantata, es la postrera obra completa de Mozart; su adiós en un canto íntimo y fraternal, lleno de esperanza en la vida que dice así:


HIMNO MASÓNICO
(Elogio a la amistad)


Cantemos la dulce armonía
nuestro gozo en alta voz
y un eco sea en cada pecho
de fraternidad y amor.

Consagrado este lugar
debe aquí la paz reinar
todos juntos nuestra grey
impondrá siempre la ley.

Cantemos la dulce armonía
nuestro gozo en alta voz
y un eco sea en cada pecho
de fraternidad y amor.

De tan noble igualdad
de tan grata libertad.


Después de siglo y medio (en 1946) se convirtió en el himno federal de la República de Austria.

Existen otras obras que Mozart compuso en su vida profana y también como iniciado que no tenían contenido Masónico. Pero su entusiasmo y fervor por la Institución lo llevó a adaptarlas como música Masónica. Por ejemplo:

Lied: An die Freude, K 53 (sobre un texto masónico).

Salmo 129: De Profundis Clamavi para coro mixto y Orquesta. K 93, compuesta en Salzburgo en 1771.

Lied: O heiliges Band der Freudschaft para tenor y Piano K 148, compuesta en 1772.

Graduale ad Festum B .M. V.: Sancta María, mater Die para coro mixto y Orquesta K 273, compuesta en 1777.

Música incidental: Thamos Konig in Agypten, K 345 (los temas eran profundamente masónicos, considerada precursora de La Flauta Mágica.

Adagio canónico para dos cornos di bassetto y fagot, K 410 (compuesta en 1784, para un ritual procesional)

Adagio para dos clarinetes y tres cornos di bassetto, K 411 (probablemente destinado a una entrada procesional a la Logia).

De acuerdo a los registros de la Logia, Mozart escribe música para dos canciones adicionales durante 1785, Des Todes Werk y Vollbracht ist die Arbeit der Meister (The Work of Death y The Work of the Masters es terminado) obras estas perdidas.

Concierto para piano en mi bemol mayor, K 482, escrito y tocado en un concierto dado por Logia en diciembre de 1785.

Sinfonía Nro. 39 mi bemol, K 543, escrita como celebración del Oficio y la Alegría de vivir.

Adagio y Fuga en do menor, K 546.

Adagio y Rondó para Flauta, Oboe, Viola, Cello, y Celesta, K 617 (escrita mientras Mozart estaba trabajando en La Flauta Mágica e interpretada en entretenimientos de la logia).

Motete: Ave Verum Corpus, K 618 (originalmente escrito para el Coro del Anton Stoll school en Baden, la obra fue aceptada rápidamente para su uso en Logia).

La Clemenza di Tito y el Requiem “piezas por requerimiento de su Logia”.

Mozart murió a los 35 años de edad, el 6 de diciembre de 1791, su causa, según los médicos fue por “fiebre reumática aguda”. También se dice que fue envenenado por algún compositor envidioso (Salieri, etc.).

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[1] Johann Georg Leopold Mozart. Nació en Augsburg el 14 de noviembre de 1719, hijo del maestro encuadernador Johann Georg Mozart y de Anna Maria, de soltera Sulzer. De 1727 a 1736 estudió en el instituto de orientación clásica de San Salvador, regentado por los jesuitas. En 1739 fue bachiller en Lógica. El mismo año fue expulsado de la Universidad, parece ser por inasistencia a clases. Se ganó la vida como ayudante de cámara y músico al servicio del conde Thurn-Valsassina. En 1743 se convirtió, gracias a la intercesión de su paisano J. E. Eberlin, en el cuarto violín de la Capilla de la Corte, en 1744 profesor de música de los muchachos de la Capilla y segundo violín, en 1757 compositor de la Corte y en 1763 vicemaestro de Capilla, con lo que llegó al final de su trayectoria profesional. Publicó un método avanzado para aprender a tocar violín, en Augsburg, 1756, con ediciones y traducciones en holandés –1766– francés –1770– y ruso –1804–.

[2] Anna Maria Walburga Pertln. Nació el 25 de diciembre de 1720 en St. Gilgen, lugar cerca de Salzburgo. Era hija del regidor por el arzobispo salzburgués Wolfgang Nikolaus Pertl y su mujer Eva Rosina, de soltera Altmann, viuda de Puxbaumer (aprox. 1688 – 1755). La enfermiza hija del jurista, con educación musical, criada con ciertas dificultades económicas, se casó en 1747 (no en 1742 como explica “Nannerl” su hija) con Leopold Mozart. En 1777 acompañó a su hijo Wolfgang a París, donde murió el 3 de julio de 1778. Su muerte provocó los reproches de Leopold contra su hijo, a quien incluso llegó a acusarlo de falta de atención.

[3] La SINFONÍA es la adaptación de la sonata a la orquesta reproduciendo su mismo esquema y número de movimientos. Enciclopedia LOS GRANDES COMPOSITORES. Ediciones Salvat, S. A. Tomo Nº 5. Pamplona, España. 1984. P. 324. La SONATA es la composición para uno o dos instrumentos. También se le llama SONATA a una de las composiciones más importantes de la música de cámara que contiene, por lo general, cuatro movimientos: allegro, adagio, minué o scherzo y allegro (a menudo en forma de rondó).Idem. La MÚSICA DE CÁMARA es la destinada a una pequeña sala de conciertos, generalmente compuesta para un grupo reducido de instrumentos solistas. Id. P. 321. El ALLEGRO (Italiano) es un movimiento rápido. Originalmente indicaba también: alegre, festivo. Ibídem. El ADAGIO (It.) Una de las indicaciones de movimiento más antiguas. Muy lento. Ib. La MINUÉ es una danza de origen francés escrita en compás de tres tiempos. Tras una larga evolución formando parte de la suite, pasó a la sonata y a la sinfonía, donde ocupó el lugar que más tarde correspondería al scherzo. Ib. P. 323. El SCHERZO (It.) literalmente significa broma o juego. Composición de movimiento vivo y compás subdividido en tres tiempos. Deriva del antiguo minué y es de carácter alegre y gracioso. Ib. P. 324.

[4] El CONCIERTO es la composición en la que un instrumento solista, tratado con virtuosismo, se opone al conjunto de la orquesta. Ib. P. 321.

[5] Maria Constanze Weber, nació el 5 de enero de 1762 en Zell (Wiesental), hija de Franz Fridolin Weber y de Maria Cäcilie Cordula, de soltera Stamm. Mozart conoció a la joven de quince años en 1777, cuando en casa de sus padres en Mannheim le salió al paso su primer “gran amor”, Aloysia Weber. Por razones obvias no se volvió a mencionar el nombre de Constanze hasta que a principios de mayo de 1781, Mozart encontró refugio en casa de las Weber en Viena. Nuevamente, Mozart se enamoró, esta vez de la hermana de Aloysia, ahora de diecinueve años. El que la “aventura”, alentada por la futura suegra y que desembocó en boda, provocara resistencia por parte de Leopold Mozart es tan comprensible como su antipatía nunca superada.

[6] La CANTATA (It.) es una composición para una o más voces con acompañamiento instrumental. Se compone de varios tiempos (recitativos, arias o coros) y puede ser dramática, religiosa, etc. Enciclopedia LOS GRANDES COMPOSITORES. Op. Cit. P. 321.

[7] Numeración de las obras de Mozart realizada en el siglo XIX por Luduig Von Koechel. Estas obras se designan con la letra K seguida de un número, y, en alemán, con las letras KV seguidas del mismo número. KV significa Koechel Verzeichnis (Catálogo de Koechel). Ib. P. 322.

[8] El ARIA (It) es una composición estructurada para una sola voz (o instrumento) con acompañamiento instrumental. Generalmente figura en las óperas y oratorios. Ib. P. 321.

[9] El OPUS es una palabra latina que significa OBRA. Su abreviatura es Op., con la que se designa, acompañada de un número de orden, la obra de un compositor. Un opus puede constar de varias obras, en cuyo caso cada una de ellas recibe un segundo número. Ejemplo: Op. 1 Nº 1. Ib. P. 323.

[10] ÓPERA (It.). Literalmente, obra. Esta denominación se ha adoptado universalmente para designar, de una manera general, toda obra escénica completamente musicada, en que interviene el canto con palabras, Existen distintas categorías de ópera: gran ópera, ópera cómica, ópera bufa, drama lírico, etc. Ib. P. 323.

[11] LIED (pl.: LIEDER) (Al.). Canción, canto. Este término se asocia a la canción alemana del siglo XIX. Ib.
Referencias Bibliográficas.
  • Diccionario Enciclopédico de la Masonería. Lorenzo Frau Abriles. Editorial del Valle de México. 1976.
  • Enciclopedia “Los Grandes Compositores”. Ediciones Salvat, S. A. Tomos de Introducción, I y V. Pamplona, España. 1984.

  • Revista Plancha Masónica Nº 16. Gran Logia del Norte de Colombia. Septiembre de 2003. Barranquilla.